portada

JESÚS FLORES OLAGUE. Doctor en historia por la Universidad Iberoamericana. Director del proyecto Historia de Zacatecas, 1987-2010. Coautor de La fragua de una leyenda. Historia mínima de Zacatecas y de la Glosa histórica de Zacatecas. Además de historiador, es poeta.

MERCEDES DE VEGA. Doctora en historia por El Colegio de México. Coordinadora general del proyecto Historia de Zacatecas, 1989-2003. Coautora de La fragua de una leyenda. Historia mínima de Zacatecas y de la Glosa histórica de Zacatecas. Autora también de Los dilemas de la organización autónoma. Zacatecas, 1808-1832. Desde 2001 es directora general del Acervo Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

SANDRA KUNTZ FICKER. Profesora-investigadora de El Colegio de México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel III. Su campo de estudio es la historia económica de México (1850-1950), y entre sus libros se pueden mencionar El comercio exterior de México en la era del capitalismo liberal, 1870-1929 y Las exportaciones mexicanas durante la primera globalización, 1870-1929, ambos publicados por El Colegio de México.

LAURA DEL ALIZAL ARRIAGA. Profesora-investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa. Licenciada en relaciones internacionales por El Colegio de México y doctora en estudios políticos por la Universidad de París X-Nanterre. Es coautora de la Glosa histórica de Zacatecas.

SECCIÓN DE OBRAS DE HISTORIA

Fideicomiso Historia de las Américas

Serie
HISTORIAS BREVES

Dirección académica editorial: ALICIA HERNÁNDEZ CHÁVEZ

Coordinación editorial: YOVANA CELAYA NÁNDEZ

ZACATECAS

JESÚS FLORES OLAGUE
MERCEDES DE VEGA
SANDRA KUNTZ FICKER
LAURA DEL ALIZAL

Zacatecas

HISTORIA BREVE

Fondo de Cultura Económica

EL COLEGIO DE MÉXICO
FIDEICOMISO HISTORIA DE LAS AMÉRICAS
FONDO  DE  CULTURA  ECONÓMICA

Primera edición, 2010
Segunda edición, 2011
   Primera reimpresión, 2012
Primera edición electrónica, 2016

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc., son propiedad exclusiva del Fondo de Cultura Económica y están protegidos por las leyes mexicanas e internacionales del copyright o derecho de autor.

contraportada

PREÁMBULO

LAS HISTORIAS BREVES de la República Mexicana representan un esfuerzo colectivo de colegas y amigos. Hace unos años nos propusimos exponer, por orden temático y cronológico, los grandes momentos de la historia de cada entidad; explicar su geografía y su historia: el mundo prehispánico, el colonial, los siglos XIX y XX y aun el primer decenio del siglo XXI. Se realizó una investigación iconográfica amplia —que acompaña cada libro— y se hizo hincapié en destacar los rasgos que identifican a los distintos territorios que componen la actual República. Pero ¿cómo explicar el hecho de que a través del tiempo se mantuviera unido lo que fue Mesoamérica, el reino de la Nueva España y el actual México como república soberana?

El elemento esencial que caracteriza a las 31 entidades federativas es el cimiento mesoamericano, una trama en la que destacan ciertos elementos, por ejemplo, una particular capacidad para ordenar los territorios y las sociedades, o el papel de las ciudades como goznes del mundo mesoamericano. Teotihuacan fue sin duda el centro gravitacional, sin que esto signifique que restemos importancia al papel y a la autonomía de ciudades tan extremas como Paquimé, al norte; Tikal y Calakmul, al sureste; Cacaxtla y Tajín, en el oriente, y el reino purépecha michoacano en el occidente: ciudades extremas que se interconectan con otras intermedias igualmente importantes. Ciencia, religión, conocimientos, bienes de intercambio fluyeron a lo largo y ancho de Mesoamérica mediante redes de ciudades.

Cuando los conquistadores españoles llegaron, la trama social y política india era vigorosa; sólo así se explica el establecimiento de alianzas entre algunos señores indios y los invasores. Estas alianzas y los derechos que esos señoríos indios obtuvieron de la Corona española dieron vida a una de las experiencias históricas más complejas: un Nuevo Mundo, ni español ni indio, sino propiamente mexicano. El matrimonio entre indios, españoles, criollos y africanos generó un México con modulaciones interétnicas regionales, que perduran hasta hoy y que se fortalecen y expanden de México a Estados Unidos y aun hasta Alaska.

Usos y costumbres indios se entreveran con tres siglos de Colonia, diferenciados según los territorios; todo ello le da características específicas a cada región mexicana. Hasta el día de hoy pervive una cultura mestiza compuesta por ritos, cultura, alimentos, santoral, música, instrumentos, vestimenta, habitación, concepciones y modos de ser que son el resultado de la mezcla de dos culturas totalmente diferentes. Las modalidades de lo mexicano, sus variantes, ocurren en buena medida por las distancias y formas sociales que se adecuan y adaptan a las condiciones y necesidades de cada región.

Las ciudades, tanto en el periodo prehispánico y colonial como en el presente mexicano, son los nodos organizadores de la vida social, y entre ellas destaca de manera primordial, por haber desempeñado siempre una centralidad particular nunca cedida, la primigenia Tenochtitlan, la noble y soberana Ciudad de México, cabeza de ciudades. Esta centralidad explica en gran parte el que fuera reconocida por todas las cabeceras regionales como la capital del naciente Estado soberano en 1821. Conocer cómo se desenvolvieron las provincias es fundamental para comprender cómo se superaron retos y desafíos y convergieron 31 entidades para conformar el Estado federal de 1824.

El éxito de mantener unidas las antiguas provincias de la Nueva España fue un logro mayor, y se obtuvo gracias a que la representación política de cada territorio aceptó y respetó la diversidad regional al unirse bajo una forma nueva de organización: la federal, que exigió ajustes y reformas hasta su triunfo durante la República Restaurada, en 1867.

La segunda mitad del siglo XIX marca la nueva relación entre la federación y los estados, que se afirma mediante la Constitución de 1857 y políticas manifiestas en una gran obra pública y social, con una especial atención a la educación y a la extensión de la justicia federal a lo largo del territorio nacional. Durante los siglos XIX y XX se da una gran interacción entre los estados y la federación; se interiorizan las experiencias vividas, la idea de nación mexicana, de defensa de su soberanía, de la universalidad de los derechos políticos y, con la Constitución de 1917, la extensión de los derechos sociales a todos los habitantes de la República.

En el curso de estos dos últimos siglos nos hemos sentido mexicanos, y hemos preservado igualmente nuestra identidad estatal; ésta nos ha permitido defendernos y moderar las arbitrariedades del excesivo poder que eventualmente pudiera ejercer el gobierno federal.

Mi agradecimiento a la Secretaría de Educación Pública, por el apoyo recibido para la realización de esta obra. A Joaquín Díez-Canedo, Consuelo Sáizar, Miguel de la Madrid y a todo el equipo de esa gran editorial que es el Fondo de Cultura Económica. Quiero agradecer y reconocer también la valiosa ayuda en materia iconográfica de Rosa Casanova y, en particular, el incesante y entusiasta apoyo de Yovana Celaya, Laura Villanueva, Miriam Teodoro González y Alejandra García. Mi institución, El Colegio de México, y su presidente, Javier Garciadiego, han sido soportes fundamentales.

Sólo falta la aceptación del público lector, en quien espero infundir una mayor comprensión del México que hoy vivimos, para que pueda apreciar los logros alcanzados en más de cinco siglos de historia.

ALICIA HERNÁNDEZ CHÁVEZ

Presidenta y fundadora del
Fideicomiso Historia de las Américas

 

I. ZACATECAS: LA REGIÓN

ALICIA HERNÁNDEZ CHÁVEZ

QUIEN ES DEL NORTE Y RESIDE EN CHIHUAHUA, Durango, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, acostumbra su vista a las cordilleras escarpadas, a la belleza del desierto, a su flora, a las casas de adobe de un piso con morillos de soporte de puertas y techumbre que protegen de las inclemencias del tiempo.

La percepción del espacio es distinta si uno descubre la región zacatecana a partir del centro del país a que si la percibe desde el norte. Cuando uno arriba del norte a Sombrerete, Fresnillo, Guadalupe, Vetagrande y a la capital, Zacatecas, ¡entra en otro mundo: en el corazón de la España colonial, un escenario insólito cuya riqueza cultural y estética maravilla! Conocí Zacatecas habiendo vivido en Dinamita, Durango, habituada a los desiertos, a la sierra de pichachos escarpados y a los campos de algodón laguneros. Mi primer viaje a México fue a los 10 años. De Dinamita llegué a Sombrerete y Fresnillo. Mi sorpresa inmediata fueron los poblados de calles estrechas con templos, conventos, porterías, plazuelas y edificaciones coloniales de cantera de gran riqueza arquitectónica. El “ojo de aguas del fresnillo”, de ser lugar de paso del Camino de Tierra Real, se convirtió en un estratégico punto minero. Aún permanece su obelisco, los chacuacos de la hacienda y los templos del Tránsito, la Purificación y el santuario de Plateros. Su fortuna deriva desde tiempos antiguos de sus feraces minas de plata y metales industriales.

¡El arribo a la capital, Zacatecas, es deslumbrante! Se accede por callejuelas que más bien parecieran seguir atajuelos de torrentes de agua o el paso de ovejas y mulitas cargadas de plata o mezcal. Callejuelas y escalinatas nos descubren conventos, casas señoriales, plazas y plazuelas, vecindades como la del actual Mesón Jovito prensadas entre cerros, cañadas y lo que fueran antiguos barrios indios. La ciudad de Zacatecas es una fortaleza amurallada por sus templos y conventos. En lo alto, desde el crestón de La Bufa, se domina su señorío y opulencia. De donde se mire, la vista topa con coronas de plata y cantera: las cúpulas de iglesias, conventos y el espléndido barroco de la catedral de Nuestra Señora de la Asunción son circundados por los cerros de La Bufa, del Grillo, de la Virgen y del Padre.

Los edificios coloniales son pocos. Predominan bellos palacios del siglo XIX, época en que la riqueza se expresa en la hermosura de sus construcciones. Se edifica en ese entonces el teatro Calderón, el mercado González Ortega y la plaza de toros San Pedro. Al lado del teatro Calderón se encuentra el hotel que me aloja en mis visitas a la Universidad de Zacatecas. Desde mi habitación abro la ventana y apenas cabe la imponente portada de la Catedral gobernada bajo el cielo cruel zacatecano. La Catedral con su portada principal es definida desde un puro estilo barroco con sus dos torres, de las cuales la del norte no se terminó hasta 1904; al alcance de la vista están las plazas del templo de Santo Domingo y el templo de Fátima, construido éste a mitad del siglo XX y única construcción de su estilo en el estado. Ciudad merecidamente declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1993.

Los museos de Guadalupe y Zacatecas, como los archivos de todas sus villas, son deleite del intelecto. Guadalupe, hoy municipio unido a la capital, posee una rica pinacoteca virreinal. Hacia 1707, fray Margil de Jesús estableció el Colegio de Propaganda Fide en el convento de Guadalupe, donde se educaba a los frailes para la obra misional; fue la puerta al norte para continuar la evangelización. Los religiosos construyeron la impresionante Capilla de Nápoles con retablos ornamentados en oro. Nochistlán, poblado colonial fundado en 1532, cuenta con joyas arquitectónicas como el templo de San Francisco, cuya construcción se inició en 1584, y el de San Sebastián, que data de 1743, además de la presidencia municipal, el parián y el acueducto construido en 1792.

GEOGRAFÍA. RASGOS ESENCIALES

Entre los 31 estados que conforman los Estados Unidos Mexicanos, Zacatecas ocupa el octavo lugar en cuanto a extensión territorial, 75 040 km2. Sus coordenadas extremas son 25°09’ al norte y 21°04’ al sur de latitud norte; al este 100°49’ y al oeste 104°19’ de longitud oeste. Enclavado en la Meseta Central, al norte lo circunda la Sierra Madre Oriental y al sur la Sierra Madre Occidental. El estado de Zacatecas —en náhuatl, lugar donde abunda el zacate—, localizado en la zona centro-norte de la República, colinda con Coahuila, Aguascalientes, Jalisco, Durango, San Luis Potosí, Nuevo León y Nayarit, como se observa en el mapa que da comienzo a este libro. La administración política está dividida en 58 municipios; cuenta en el siglo XXI con unas 4 000 localidades y 1’367 692 habitantes. Su altura promedio sobre el nivel del mar es de 2 230 m. Su capital lleva el nombre del estado: Zacatecas, fundada en 1548, y sus principales villas son Guadalupe, Fresnillo, Río Grande, Sombrerete y Jerez.

Su geografía es de contrastes. En partes es desértica; en cambio, en el Altiplano hay tierras mejor irrigadas que recogen el agua de lluvia de las dos sierras constituyendo áreas agrícolas de importancia, aunque el clima del estado es seco y semiseco en más de 75% y sus mantos acuíferos, mal cuidados y alimentados por escasas lluvias, tienen limitada posibilidad de bombeo. El agua en general padece el mal contemporáneo: la contaminación. La figura I.1 muestra la estructura del agua subterránea. Los mantos freáticos proceden del deshielo de glaciares y del escurrimiento del agua de las sierras y la lluvia. La Comisión Nacional del Agua (Conagua) advierte que en el norte del país están en riesgo 104 mantos acuíferos de un total nacional de 653 debido a la sobreexplotación urbana, doméstica, industrial y agrícola. Lo grave es que ésta lleva a la desaparición de ríos y manantiales, y que las descargas y sobreexplotación han contaminado y envenenado el agua del subsuelo. De los 20 estados de la República, Chihuahua es la que más daño ha producido a sus mantos (seis); le siguen Sonora, Durango, Guanajuato y Zacatecas. Este último cuenta con 20 mantos acuíferos sobreexplotados con derecho de extracción limitado.

FIGURA I.1. Estructura del agua subterránea

Los ríos del estado se agrupan en dos cuencas: la del Pacífico y la del Interior. Las regiones hidrológicas son: la Lerma-Santiago y El Salado, donde se encuentran los valles más productivos como Fresnillo, Calera, Chupaderos, Ojocaliente, La Blanca, Loreto, Villa de Cos e Hidalgo, pero allí la extracción de agua está limitada por su escasez. La región hidrológica Nazas-Aguanaval comprende parte del norte del estado y es básicamente zona desértica, una cuenca cerrada y sin salida. Por último, en la Cuenca Presidio-San Pedro los principales ríos —San Pedro, Juchipila, Jerez, Tlaltenango, San Andrés, Atengo y Valparaíso— desembocan en el Océano Pacífico. Los ríos Calabacillas, Zaragoza, Los Lazos, San Francisco y Aguanaval se localizan en la Cuenca Interior y no tienen salida al mar.

La vegetación de Zacatecas es muy variada. En las sierras existen bosques mixtos de pinos y encinos, árboles de hoja perenne verde. También hay regiones áridas y semidesérticas que albergan gran cantidad de plantas, como las cactáceas. En llanos y valles abundan los mezquites y las gobernadoras, que son arbustos de escasa raíz que en las tolvaneras ruedan por las planicies y carreteras; huizaches, nopales comestibles, lechuguilla para lejía y lavado, guayule o hule natural empleado desde tiempos prehispánicos, muy cotizado a fines del siglo XIX y durante los años de la Gran Guerra, hoy conocida como primera Guerra Mundial. Como en el estado de Zacatecas existen varios tipos de relieve de suelo y de clima, variada resulta su vegetación: bosques, matorrales y pastizales conviven con especies de zonas desérticas y semidesérticas, y hay partes de selva baja con árboles de 15 metros de altura. Por lo mismo se encuentran varias especies de fauna silvestre, algunas en peligro de extinción. Abundan aves como la codorniz (común y pinta), la paloma (de collar y torcaza), la huilota o tórtola, el cenzontle y el cardenal, además de mamíferos como coyote, zorra gris, oso negro, mapache, jabalí de collar, venados cola blanca y cola negra, armadillo, conejo, puma, gato montés, liebres torda y cola negra, y una variedad de reptiles.

Tres cuartas partes del territorio zacatecano corresponden a zonas áridas y semiáridas. En el estado se cosechan cereales, cuya producción depende del agua de lluvia, y el maguey, que crece en climas secos. Los principales cultivos cíclicos son frijol, maíz, avena forrajera, chile y cebada. Asimismo, se produce sorgo, cebolla, ajo, durazno, nopal, alfalfa y guayaba. Es importante la cría de ganado bovino (incluido el de lidia), porcino y ovino.

La región fue asiento de culturas y grupos antiguos: zacatecos, tecuexes, guachichiles y caxcanes principalmente. En el norte todos fueron agricultores sedentarios cuando el agua y el tiempo lo permitían, y andariegos cuando se trataba de cazar o guerrear. Como en todo el mundo antiguo, fue intenso el intercambio cultural y de bienes como peyote, cerámica, pieles y metales. Las crisis en el norte son resultado de sequías, aun en la época previa a la llegada de los españoles; las crisis agrícolas y las sequías agudizaban por lo general las guerras entre las bandas. Como toda frontera, la zacatecana es móvil, en parte mesoamericana, en parte área de la Gran Chichimeca. Así, encontramos civilizaciones de fuerte influjo mesoamericano como Altavista (Chalchihuites), La Quemada (Villanueva), Sierra de Órganos (Sombrerete) y Sierra de Cardos (Jerez).

El antes y el después de la geografía política colonial del norte los marca la Guerra del Mixtón de 1541-1542, una de las más grandes insurrecciones indígenas contra los españoles y sus aliados tlaxcaltecas y otomíes. Encabezadas por el líder caxcán Tenamaxtle, tribus confederadas de distintas regiones, como se observa en el mapa I.1, lucharon por detener el avance español. Después de cruentas peleas adversas a los europeos, el mismo virrey de la Nueva España, Luis de Velasco, debió intervenir para triunfar finalmente en la famosa Batalla del Mixtón. Su importancia reside en que por vez primera estamos frente a una empresa del Estado español: con recursos de la Real Hacienda se arma a más de 20 000 indios aliados, otomíes y tlaxcaltecas que rompen la línea caxcana de defensa.

Las expediciones de penetración en tierras inhóspitas condujeron al descubrimiento de ricas vetas de plata; en especial la de 1546, del español Juan de Tolosa, dio lugar a la fundación de la Noble y Leal Ciudad de Zacatecas. Esta ciudad y sus distritos mineros fueron puntos estratégicos, pues eran sede del desarrollo del real de minas de plata más rico de la Nueva España y el nudo articulador del centro, la Ciudad de México, con el extremo septentrional, Santa Fe, delimitando el desarrollo del extenso territorio de la Nueva España (véase mapa I.2).

MAPA I.1. Regiones étnicas involucradas en la Guerra del Mixtón (1541-1542)

Las riquezas minerales del estado, provenientes de una considerable extracción de plata —cuya producción ocupa el primer lugar mundial desde hace décadas—, oro, mercurio, hierro, cinc, plomo, bismuto, antimonio, sal, cobre, cuarzo, caolín, ónix, cantera, cadmio y otros, fueron aprovechadas incluso antes de la Conquista, y algunas de las minas actuales datan de mediados del siglo XVI. Recientemente se han descubierto importantes reservas de litio, de uso en fertilizantes, y potasio, esencial para las telecomunicaciones, que prometen ser de los yacimientos más ricos entre los cinco que existen en el mundo. Los nuevos yacimientos de litio y potasio se ubican en la region semidesértica zacatecana contigua a San Luis Potosí.

 

MAPA I.2. Minería y manufactura en el siglo XVIII

FUENTE: Colin M. MacLachlan y Jaime E. Rodriguez O., The Forging of the Cosmic Race. A Reinterpretation of Colonial Mexico, University of California Press, Berkeley y los Angeles, 1980.

La población contemporánea, al igual que en el resto del país, es bastante joven, en promedio de sólo 23 años. El flujo migratorio es importante dentro del país y hacia Estados Unidos por los bajos precios agrícolas y el desempleo. Me recuerda la Galicia española de hace 30 años, privada de varones. Los hombres salen hacia Estados Unidos y dejan familias y tierras abandonadas. Se estima que la mitad de los zacatecanos viven fuera del estado: en Estados Unidos entre 800 000 y un millón, la mayoría en Chicago, Denver, Dallas, Houston, Los Ángeles y Phoenix. En 2003 la población zacatecana residente en Zacatecas ascendía a 1’413 115 habitantes, mientras que la residente en Estados Unidos era de 1 468 747. Es decir, 50% de los zacatecanos viven “del otro lado”, sin olvidar la gran cantidad de zacatecanos que han emigrado principalmente a Jalisco, Nuevo León, Chihuahua, Coahuila y Aguascalientes. Gracias a esta migración internacional muchas comunidades se han quedado sólo con los viejos, otras con las mujeres mayores y unas más sin habitantes, como pueblos fantasmas. La migración interna de las regiones rurales a las ciudades es relevante debido a los bajos precios de los productos agrícolas, principalmente frijol y maíz. La zona metropolitana Zacatecas-Guadalupe es la más poblada del estado, con 261 422 habitantes; le siguen Fresnillo con 196 538; Río Grande con 60 243; Sombrerete con 58 201, y Jerez con 52 594, según los registros del censo de 2005.

Actualmente el ingreso principal del estado son las remesas —que en promedio suman 481 millones de dólares anuales, equivalentes a 8% del PIB estatal—, seguidos por el turismo, los servicios y la minería. La inseguridad en México y la crisis en Estados Unidos han reducido sensiblemente todo, en especial las remesas. Hoy las condiciones de pobreza y marginación, inseguridad y violencia en el estado son alarmantes: 34% de su población vive en condiciones de pobreza extrema, principalmente pobreza alimentaria, o mejor dicho, padece hambre. Zacatecas se ubica entre los cinco estados con menor ingreso per cápita de México; dado el desempleo y emigración masiva, la mayoría de los municipios zacatecanos presentan un decrecimiento en número de habitantes. La población se concentra en las ciudades de Fresnillo, Zacatecas, Guadalupe, Sombrerete y Río Grande. La esperanza de vida para los zacatecanos es igual a la del actual promedio nacional, 72 años los hombres y 77 las mujeres.

Con una pirámide de población que exige trabajo y profesionalización, el rezago educativo de la entidad es uno de los más grandes del país, ya que desde 1990 hasta el censo de 2005, la educación promedio sumaba 7.2 años, lo cual demuestra que en los últimos 15 años no se han logrado avances en esta materia. Asimismo, 8% de las personas mayores de 15 años son analfabetas y 23% no concluyeron la educación primaria. Actualmente, sólo 0.3% de la población zacatecana habla alguna lengua indígena, principalmente tepehuano, náhuatl y huichol. El estado de Zacatecas tiene recursos en materia educativa y sus bibliotecas poseen acervos valiosos para los estudiosos. Hay al menos cinco escuelas de educación normal superior (en Zacatecas, Juchipila, San Marcos, Loreto y Nieves) así como otras de música y artes. Su universidad cumplió recientemente 175 años de fundada; además de representar la más importante institución de educación superior en el estado, significa un lazo indisoluble con la vida cultural, social y política de la entidad.

En todo el estado es famoso el corrido, que reseña los principales eventos que se vivieron en la Revolución de 1910. Miles de interpretaciones ha tenido La marcha de Zacatecas, de Genaro Codina, que se ha oído por años en toda la República y el extranjero; es el himno de las asociaciones charras y está considerado, por su frecuente interpretación en actos oficiales, el “segundo himno nacional”.

Causan asombro los valores artísticos zacatecanos de ayer y de hoy. El estado ha dado músicos como Manuel M. Ponce, Candelario Huízar y Tomás Méndez, y pintores como Francisco Goitia, Pedro Coronel, Manuel Felguérez, Alfonso López Monreal y Alejandro Nava. Tiene a su famoso Santo Niño de Atocha en el Santuario de Plateros, sede de peregrinos. Jerez de García Salinas, rumbo al sur, cerca de Jalisco, fue sede política y literaria; de ahí es el poeta Ramón López Velarde y el gran federalista de principios del siglo XIX Francisco García Salinas. Ramón con su Suave Patria y Francisco con su defensa del federalismo le dieron identidad histórica a Zacatecas.