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FAUSTA GANTÚS INURRETA. Doctora en historia por El Colegio de México, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, profesora-investigadora del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora y autora de diversas obras publicadas en México y el extranjero. Es autora del libro Caricatura y poder político. Crítica, censura y represión en la Ciudad de México, 1876-1888 (2009), editado por El Colegio de México y el Instituto José María Luis Mora.

CARLOS ALCALÁ FERRAÉZ. Doctor en historia por la Universidad de Barcelona, profesor investigador de tiempo completo en el Centro de Investigaciones Regionales de la Universidad Autónoma de Yucatán y miembro fundador de la Red de Historia Demográfica en 2009. Ha publicado diversos trabajos en revistas internacionales, como “Vacuna, cataplasmas y vasijas de agua hirviendo. Enfermedades y remedios en la península de Yucatán durante el siglo XIX” (2010), en la Revista BiCentenario, y “De miasmas a mosquitos: el pensamiento médico sobre la fiebre amarilla en Yucatán, 1890-1920” (2012), en la revista electrónica História, Ciências, Saúde, de Manguinhos.

LAURA VILLANUEVA. Historiadora por la UNAM, se ha desempeñado como coordinadora de logística en el movimiento de colecciones del INAH. Ha sido colaboradora en la Secretaría de Relaciones Exteriores, en la adquisición de obra de artistas plásticos contemporáneos para embajadas y consulados mexicanos, y, junto con la familia de la maestra Helen Escobedo, trabajó en la identificación y la catalogación de la colección bibliográfica y videográfica de la desaparecida crítica de arte.

SECCIÓN DE OBRAS DE HISTORIA

Fideicomiso Historia de las Américas

Serie
HISTORIAS BREVES

Dirección académica editorial: ALICIA HERNÁNDEZ CHÁVEZ

Coordinación editorial: YOVANA CELAYA NÁNDEZ

CAMPECHE

FAUSTA GANTÚS INURRETA
CARLOS ALCALÁ FERRAÉZ
LAURA VILLANUEVA

Campeche

HISTORIA BREVE

Fondo de Cultura Económica

EL COLEGIO DE MÉXICO
FIDEICOMISO HISTORIA DE LAS AMÉRICAS
FONDO  DE  CULTURA  ECONÓMICA

Primera edición, 2010
Segunda edición, 2011
Tercera edición, 2015
Primera edición electrónica, 2016

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc., son propiedad exclusiva del Fondo de Cultura Económica y están protegidos por las leyes mexicanas e internacionales del copyright o derecho de autor.

contraportada

PREÁMBULO

LAS HISTORIAS BREVES de la República Mexicana representan un esfuerzo colectivo de colegas y amigos. Hace unos años nos propusimos exponer, por orden temático y cronológico, los grandes momentos de la historia de cada entidad; explicar su geografía y su historia: el mundo prehispánico, el colonial, los siglos XIX y XX y aun el primer decenio del siglo XXI. Se realizó una investigación iconográfica amplia —que acompaña cada libro— y se hizo hincapié en destacar los rasgos que identifican a los distintos territorios que componen la actual República. Pero ¿cómo explicar el hecho de que a través del tiempo se mantuviera unido lo que fue Mesoamérica, el reino de la Nueva España y el actual México como república soberana?

El elemento esencial que caracteriza a las 31 entidades federativas es el cimiento mesoamericano, una trama en la que destacan ciertos elementos, por ejemplo, una particular capacidad para ordenar los territorios y las sociedades, o el papel de las ciudades como goznes del mundo mesoamericano. Teotihuacan fue sin duda el centro gravitacional, sin que esto signifique que restemos importancia al papel y a la autonomía de ciudades tan extremas como Paquimé, al norte; Tikal y Calakmul, al sureste; Cacaxtla y Tajín, en el oriente, y el reino purépecha michoacano en el occidente: ciudades extremas que se interconectan con otras intermedias igualmente importantes. Ciencia, religión, conocimientos, bienes de intercambio fluyeron a lo largo y ancho de Mesoamérica mediante redes de ciudades.

Cuando los conquistadores españoles llegaron, la trama social y política india era vigorosa; sólo así se explica el establecimiento de alianzas entre algunos señores indios y los invasores. Estas alianzas y los derechos que esos señoríos indios obtuvieron de la Corona española dieron vida a una de las experiencias históricas más complejas: un Nuevo Mundo, ni español ni indio, sino propiamente mexicano. El matrimonio entre indios, españoles, criollos y africanos generó un México con modulaciones interétnicas regionales, que perduran hasta hoy y que se fortalecen y expanden de México a Estados Unidos y aun hasta Alaska.

Usos y costumbres indios se entreveran con tres siglos de Colonia, diferenciados según los territorios; todo ello le da características específicas a cada región mexicana. Hasta el día de hoy pervive una cultura mestiza compuesta por ritos, cultura, alimentos, santoral, música, instrumentos, vestimenta, habitación, concepciones y modos de ser que son el resultado de la mezcla de dos culturas totalmente diferentes. Las modalidades de lo mexicano, sus variantes, ocurren en buena medida por las distancias y formas sociales que se adecuan y adaptan a las condiciones y necesidades de cada región.

Las ciudades, tanto en el periodo prehispánico y colonial como en el presente mexicano, son los nodos organizadores de la vida social, y entre ellas destaca de manera primordial, por haber desempeñado siempre una centralidad particular nunca cedida, la primigenia Tenochtitlan, la noble y soberana Ciudad de México, cabeza de ciudades. Esta centralidad explica en gran parte el que fuera reconocida por todas las cabeceras regionales como la capital del naciente Estado soberano en 1821. Conocer cómo se desenvolvieron las provincias es fundamental para comprender cómo se superaron retos y desafíos y convergieron 31 entidades para conformar el Estado federal de 1824.

El éxito de mantener unidas las antiguas provincias de la Nueva España fue un logro mayor, y se obtuvo gracias a que la representación política de cada territorio aceptó y respetó la diversidad regional al unirse bajo una forma nueva de organización: la federal, que exigió ajustes y reformas hasta su triunfo durante la República Restaurada, en 1867.

La segunda mitad del siglo XIX marca la nueva relación entre la federación y los estados, que se afirma mediante la Constitución de 1857 y políticas manifiestas en una gran obra pública y social, con una especial atención a la educación y a la extensión de la justicia federal a lo largo del territorio nacional. Durante los siglos XIX y XX se da una gran interacción entre los estados y la federación; se interiorizan las experiencias vividas, la idea de nación mexicana, de defensa de su soberanía, de la universalidad de los derechos políticos y, con la Constitución de 1917, la extensión de los derechos sociales a todos los habitantes de la República.

En el curso de estos dos últimos siglos nos hemos sentido mexicanos, y hemos preservado igualmente nuestra identidad estatal; ésta nos ha permitido defendernos y moderar las arbitrariedades del excesivo poder que eventualmente pudiera ejercer el gobierno federal.

Mi agradecimiento a la Secretaría de Educación Pública, por el apoyo recibido para la realización de esta obra. A Joaquín Díez-Canedo, Consuelo Sáizar, Miguel de la Madrid y a todo el equipo de esa gran editorial que es el Fondo de Cultura Económica. Quiero agradecer y reconocer también la valiosa ayuda en materia iconográfica de Rosa Casanova y, en particular, el incesante y entusiasta apoyo de Yovana Celaya, Laura Villanueva, Miriam Teodoro González y Alejandra García. Mi institución, El Colegio de México, y su presidente, Javier Garciadiego, han sido soportes fundamentales.

Sólo falta la aceptación del público lector, en quien espero infundir una mayor comprensión del México que hoy vivimos, para que pueda apreciar los logros alcanzados en más de cinco siglos de historia.

ALICIA HERNÁNDEZ CHÁVEZ

Presidenta y fundadora del
Fideicomiso Historia de las Américas

 

INTRODUCCIÓN

LA TAREA DEL HISTORIADOR consiste en delinear el pasado de una sociedad entendiendo a sus integrantes y sus actuaciones como productos de un tiempo y un espacio determinados; con su labor de crítica y reflexión busca conocer, comprender y explicar los procesos a través de los cuales una comunidad se construye y transforma. La historia, en su característica primigenia, representa la batalla contra el olvido, sin duda, pero en el caso de la escritura de las historias estatales también significa la búsqueda de explicaciones que contribuyan a la comprensión de pasados que sufrieron diferentes transformaciones hasta quedar integrados al Estadonación mexicano.

Entendemos que las historias de los estados mexicanos posibilitan recuperar las singularidades de procesos históricos que tradicionalmente aparecieron subsumidos o desdibujados por la historia nacional; por tanto, el desafío es comprender los derroteros estatales sin descuidar las interconexiones con las configuraciones regionales y nacionales. Recuperar las distintas velocidades de los procesos que convergieron en la configuración de la nación mexicana sigue siendo un desafío para los historiadores. En este contexto se inserta esta obra, en la que procuramos reconstruir y transmitir la historia de Campeche —recuperando los diferentes aspectos del pasado común pero también asumiendo la tarea de complejizar explicaciones—, plantear cuestionamientos y, quizá, proyectar líneas para futuras investigaciones.

Como toda historia general, esta que hoy presentamos sobre el estado de Campeche constituye un importante esfuerzo de síntesis, seguramente no exento de omisiones, en el que, sin embargo, hemos pretendido incorporar los episodios y sucesos fundamentales del acontecer campechano pensando en un público lector amplio y variado, por lo que procuramos el uso de un lenguaje sencillo y accesible, sin que ello suponga reducir el rigor académico ni la calidad de los contenidos.

Un problema fundamental que se presenta al intentar trazar la historia de un estado es la dificultad para establecer los límites espaciales, pues, como sabemos, un estado es un territorio políticamente constituido y, por lo tanto, creado. Delimitarlo implica, entonces, tener conciencia de los cambios y las modificaciones que las fronteras fueron sufriendo a lo largo del tiempo; esto es, la construcción geopolítica. Pero también considerar lo que concierne a otros órdenes de la vida de la entidad relacionados con múltiples cuestiones que abarcan desde lo cultural y lo étnico hasta lo social y lo económico, aspectos que para ser comprendidos exigen bucear más allá de los límites estatales. Si bien la historia de Campeche como entidad federativa se inició a mediados del siglo XIX, en 1863, sabemos que sus orígenes se remontan a la época prehispánica, cuando la región estaba habitada por los mayas, y que transita después por los varios siglos de la etapa colonial y las primeras décadas de la vida del México independiente. El reto, entonces, es contar la historia de ese conjunto social y de su territorio, los cuales fueron modificándose y redefiniéndose en el tiempo. Para ello, partimos de aceptar las fronteras políticamente definidas en la actualidad y, ciñéndonos a esos márgenes, procuramos elaborar una reconstrucción que permita la mayor inclusión posible de elementos de estudio y análisis. De esta suerte, contar la historia de Campeche antes de la fecha de su fundación constitucional supone insertar el hilo del pasado campechano en el telar en que se teje el tapiz del acontecer de la península yucateca.

En la construcción de esta historia fuimos cuidadosos en tratar de conjugar niveles históricos que se superponen, por lo que procuramos concentrarnos en la historia campechana entendiéndola como parte de un proceso más amplio: el español, en lo que concierne a la etapa colonial, y el nacional, para el caso de los siglos XIX a XXI. En este libro también nos propusimos reunir la revisión de temas clásicos de la historia campechana con la incorporación de otros que pocas veces aparecen en una historia general o de divulgación; esto es, nos dimos a la tarea de integrar los sucesos y procesos políticos y económicos, considerando también asuntos de salud e higiene, de la vida silvestre, de los desastres naturales, de la educación, entre otros, con especial atención en la perspectiva sociocultural. Igualmente, nos esforzamos por presentar un mosaico que abarcara las distintas poblaciones que integran el territorio, para no quedarnos sólo con la visión centralista, esto es, de la capital del estado. Por último, un reto interesante y particular de esta colección y, por tanto, de esta historia de Campeche es la propuesta de extender la narración a la historia reciente para llegar, en lo posible, hasta el año 2008. Esto implica una mirada de más largo alcance que exigió a los autores ser capaces de superar las fobias y filiaciones políticas e ideológicas particulares para adoptar el papel de observadores que dieran cuenta del acontecer del estado de la manera más objetiva.

Así, a lo largo de las páginas de este libro trazamos la ruta de un recorrido que parte de la época en la que piedra a piedra se levantaron las imponentes ciudades y recintos ceremoniales mayas como Edzná o Calakmul, por apuntar sólo algunos; avanzamos después por la etapa en que otras piedras sirvieron para concretar los sueños españoles de edificar templos católicos, construir magníficas haciendas y levantar murallas para defenderse de los ataques piráticos. Continuamos el camino observando las pretensiones de progreso que se traducían en el derribo de esas murallas, pues para las autoridades esas construcciones se tornaban en un freno para las nuevas corrientes modernizadoras e higienizantes; en cambio, como signo del desarrollo se planificaban plazas, jardines y centros para la diversión popular. Finalmente, arribamos al siglo XX para ser testigos de la arquitectura funcionalista en los edificios públicos y de los afanes urbanizadores que proyectaban ganar terreno al mar con el fin de construir ahí la ciudad del siglo XXI, en la que se concretarían las recicladas aspiraciones modernizadoras de la sociedad campechana.

FAUSTA GANTÚS INURRETA
CARLOS ALCALÁ FERRAÉZ
LAURA VILLANUEVA

I. LA GEOGRAFÍA CAMPECHANA

EL TERRITORIO

EL ESTADO DE CAMPECHE SE LOCALIZA en el oeste de la península de Yucatán y al sureste de la República Mexicana, entre los paralelos 17°49’ y 20°51’ de latitud norte y los meridianos 89°05’ y 92°28’ de longitud oeste. Tiene una superficie de 50 812 km2. Limita al noreste con el estado de Yucatán, al oriente con Quintana Roo, al sureste con Belice, al poniente con el Golfo de México y al sur con el estado de Tabasco y la República de Guatemala. Además de integrar la península de Yucatán, también forma parte de las tierras bajas del sureste mexicano. Es una porción intermedia entre el macizo continental de la República y la plataforma peninsular. Al igual que el del resto de la península, su suelo es mayormente plano y cuenta con un clima cálido subhúmedo. La temperatura promedio anual es de 26.3°C y en verano, de junio a octubre, se presentan las lluvias. En esta misma época, las tormentas tropicales que llegan a la península pueden alcanzar la costa de Campeche.

La mayor parte del territorio campechano se caracteriza por la uniformidad del suelo, de constantes formaciones cársicas o calizas, lo cual ha favorecido la generación de corrientes subterráneas como resultado de la acción de las aguas pluviales que lo erosionaron. Los cenotes, depósitos profundos cubiertos generalmente por una bóveda pétrea que, al ser derribada, deja al descubierto las grandes reservas del líquido, también conocidos como pozos, son la fuente de abastecimiento natural de agua en la región. En cuanto a las elevaciones, cerca de Champotón alcanzan sólo unos 100 metros sobre el nivel del mar (msnm); en los límites con Yucatán las hay de 200 msnm y en la frontera con Quintana Roo se encuentran las mayores, de cerca de 350 msnm. Pero en general el territorio del estado es prácticamente una gran planicie ligeramente ondulada, con una inclinación tenue de sur a norte. Destaca una cadena de colinas con cierta elevación conocida como Sierra o Cordillera de Campeche, la cual se inicia en Seybaplaya y recorre los municipios de Campeche, Tenabo, Hecelchakán y Calkiní, para internarse en el estado de Yucatán cerca de Bécal.

Al sur, en la región conocida como El Petén o la zona de La Montaña, que abarca parte de los municipios de Calakmul, Candelaria y Hopelchén, se encuentran las elevaciones más importantes, que, como se ha dicho, no rebasan los 350 msnm y declinan conforme se acercan a la costa del Golfo de México. Son pequeños sistemas montañosos que provienen de las tierras altas centroamericanas. Desde el punto de vista físico, Campeche se encuentra en una posición de transición entre la selva tropical de El Petén guatemalteco y la selva baja caducifolia del extremo norte de la península de Yucatán. La selva ocupa 83% de su superficie y resulta una fuente importante para la economía maderera: de ella se extraen las especies chakah, chechem negro, tsalam y pukt’e. Las condiciones del suelo no permiten la explotación agrícola a gran escala, y así, sólo 1% de su territorio se dedica a la siembra de maíz, caña de azúcar, arroz, sorgo y frijol.

El territorio cuenta con importantes corrientes fluviales como son los ríos Champotón, Champán, Candelaria, Palizada e Isleño. Los últimos cuatro desembocan en la Laguna de Términos, la cual fue decretada área protegida por el municipio del Carmen en 1994 y junto con el Pantano de Centla forma la mayor cuenca hidrológica de México. Esta laguna alberga una abundante variedad de ecosistemas, entre los que encontramos manglares, selvas, palmares, pastos sumergidos y matorrales, así como una gran variedad de moluscos, reptiles, mamíferos y aves. La frágil convivencia de estas especies con la actividad humana ha propiciado que algunas de ellas se encuentren amenazadas o en peligro de extinción, como las tortugas marinas (mojina y carey), el tepescuintle, el halcón peregrino, el jaguar, el tigrillo, la cigüeña jabirú, el zopilote rey, el delfín y la boa constrictora.

Las corrientes fluviales han desempeñado un papel fundamental en la economía y el desarrollo de las comunicaciones en el territorio campechano. De las corrientes fluviales más importantes y que llegan a ser navegables destaca el Río Champotón, que nace en la Laguna de Noha, forma su cauce en Paso de Tankú, cerca de la finca San Juan Carpizo, y corre en dirección este-oeste formando pequeñas cascadas hasta Canasayab. De aquí es navegable hasta el puerto de Champotón (60 km); tiene una longitud de 110 km y una anchura media de 50 m; desagua en el Golfo de México en la entrada de la legendaria ciudad del mismo nombre. Se dice que en la desembocadura de este río fueron derrotados los españoles a manos de los indígenas, por lo que se le conoce también como Bahía de la Mala Pelea. Otro afluente es el Río Mamantel, que tras recorrer unos 150 km después de su nacimiento desagua en la Laguna de Panlao, tributaria de la de Términos, en el Carmen. Es navegable por embarcaciones pequeñas hasta el Pital, muy cerca del poblado Mamantel. Fue muy transitado hasta principios del siglo pasado para el transporte de maderas preciosas y chicle, cuando la región era propiedad de The Laguna Corporation.

El Río Candelaria es el más largo y caudaloso del estado. Nace en tierras guatemaltecas con el nombre de San Pedro, cruza la frontera en el punto conocido como El Monumento, pasa por la ciudad de Candelaria y sufre una brusca caída conocida como Salto Ahogado; desciende varias pendientes pequeñas, sigue hasta El Tigre (Itzamkanac) y de ahí sale un brazo llamado Arroyo Caribe que continúa su curso para desaguar en el Golfo de México, a través de la Laguna de Términos. Tiene una extensión de 402 km y es navegable. Su anchura varía entre 52 y 150 m y su cuenca cubre una superficie de 21320 km2. También fue muy utilizado en tiempos precedentes por comunicar con Guatemala; sirvió de ruta fluvial para el transporte de productos naturales de la región, y desde la época prehispánica ha sido una ruta muy importante para el comercio. El Río Palizada, de poca anchura, es navegable todo el año. Durante la Colonia y el siglo XIX fue vital para la comercialización del palo de tinte o de Campeche; de hecho, su nombre proviene de la gran cantidad de madera tintórea que flotaba en su caudal, razón por la que también fue nombrado por sus primeros exploradores y habitantes como el Río de la Palotada. Es un brazo del Río Usumacinta, que a su vez nace en la sierra guatemalteca y que al llegar al punto conocido como Boca de Amatitlán, a unos 25 km de la ciudad de Palizada, se divide en dos: el Palizada y el San Pedro y San Pablo, y de allí recorre otros 69 km. Forma las lagunas del Este y de las Cruces, para ir a desaguar a la Laguna de Términos por un canal angosto de un kilómetro de largo (Boca Chica).

En cuanto a cuerpos lagunares de agua dulce, el estado de Campeche cuenta con varios de ellos: Laguna Azul, Chan Laguna, Pozas de Ventura, Martirio, el Tambor, Silvituc, Mocú, entre otros. Además, la Laguna de Términos, la mayor de su tipo en todo el país, cuenta con otras lagunas que le son tributarias, como las de Atasta, Pom, Panlao y el estero de Sabancuy, entre otras. También cuenta con sitios donde se acumulan las aguas pluviales, comúnmente llamadas aguadas, como la Laguna de Chuiná y Hool, y muchas más. En cuanto a los cenotes, si bien en la región existen muchos de ellos, en número y en renombre los superan los del vecino estado de Yucatán debido a sus grandes dimensiones y belleza extraordinaria, dado que allí el suelo fue más propicio para su formación. Aun así, en la amplia región campechana en donde se carece de corrientes superficiales, esto es, en los municipios de Hopelchén, Campeche, Calkiní, Hecelchakán y Tenabo, las corrientes subterráneas son propicias para la excavación de pozos.

Campeche cuenta con un clima cálido, húmedo y subhúmedo, resultado de su posición geográfica dentro del trópico y su ubicación en la península de Yucatán, la cual, a su vez, está circunvalada por el Golfo de México y el Mar Caribe. Las lluvias ocurren en el verano, cuando se alcanzan temperaturas medias superiores a 22°C y una precipitación total anual que varía de menos de 1 000 mm en la parte norte del estado, y entre 1 000 y 1 500 mm en el suroeste, en la Llanura Costera, hasta 2 000 y 2 500 en el sur de la entidad, en la región de Candelaria y Palizada. De esta manera, se puede dividir al estado en tres regiones climáticas: el sur, el norte y la costa.

La zona sur es muy húmeda, con una temporada de lluvias que se prolonga desde mayo hasta noviembre. Es la parte con mayores elevaciones, aunque éstas no superan los 350 msnm; su altura media sobre el nivel del mar es de 150 m. Es atravesada por numerosos ríos: el Usumacinta y sus afluentes, el Candelaria, el Palizada, entre otros, además de contar con múltiples lagos y lagunas. El clima tropical húmedo hace que gran parte del área esté cubierta por selva alta con predominio de caoba, cedro, chicozapote, ceiba y ramón, entre otros. Abundan el jaguar, el venado, el puerco de monte y múltiples mamíferos pequeños; encontramos aves como loros, tucanes y pavo de monte; reptiles como la serpiente de cascabel, la nauyaca o cuatro narices y la coralillo; también hay gran cantidad de insectos.

En las tierras bajas del norte crece un monte bajo y denso, lleno de matorrales de mediana estatura. La precipitación pluvial es escasa y, debido a la textura porosa del suelo, el agua se filtra impidiendo la formación de ríos y lagunas. Las corrientes subterráneas erosionan la roca y forman cavidades internas que, a medida que se derrumba su parte superior, dan lugar a lo que conocemos como cenotes. La permeabilidad del suelo limita grandemente la formación de capas fértiles; por el contrario, es frecuente que la roca aflore, sobre todo en el norte, lo que disminuye las posibilidades de cultivo. La fauna es menos variada y abundante que en el sur. Hay algunos felinos, venados, puerco de monte, aves, mamíferos pequeños y reptiles.

La región costera recorre todo el litoral de Campeche, interrumpida brevemente por la Sierra de Campeche, el lomerío que se ubica entre Seybaplaya y la ciudad capital, para luego seguir un poco al norte de ésta. Es, en la parte que corre desde Atasta hasta Seybaplaya, una franja arenosa con zonas bajas y pantanosas situada entre el mar y las tierras propiamente continentales. Pasando la ciudad de Campeche hay una serie de esteros en todo lo que resta de la costa hasta Celestún, donde predominan los manglares. La fauna está compuesta por crustáceos, quelonios, cangrejos, caracoles, almejas, ostiones y diversas especies de peces y aves. En cuanto a la vegetación, lo que más abunda son las palmeras de coco y el corozo.

El estado cuenta con importantes áreas protegidas para la preservación de la flora y la fauna, de las que destaca por su relevancia la reserva de la biosfera de Calakmul en el sureste del estado, y la Ría Celestún, compartida con el estado de Yucatán. Otra es el área de protección de flora y fauna de Términos, de reciente creación. Los estados de Campeche y Yucatán, junto con la Florida, en Estados Unidos, son los únicos lugares en donde se encuentran los flamencos. Existen otras áreas protegidas de menor jerarquía pero igualmente necesarias para la conservación ambiental.

En lo referente a la economía, el estado de Campeche es una importante fuente de divisas debido a sus ricos yacimientos petroleros, los cuales generan dos terceras partes de la producción nacional. Otra actividad destacada es la agricultura, cuyos principales productos son el arroz, el maíz y la caña de azúcar. La pesca da empleo a muchos campechanos y es por eso que el estado ocupa un lugar importante en cuanto a volúmenes de captura, destacando la de camarón en la zona del Carmen. La ganadería es otra actividad relevante en la economía estatal y se encuentra concentrada en el suroeste del estado.

En el renglón del turismo, la entidad avanza debido a la mayor promoción de los atractivos, en especial mediante el programa denominado Mundo Maya, en el que participan Belice, Honduras y Guatemala, y los estados mexicanos de Campeche, Chiapas, Tabasco, Yucatán y Quintana Roo. El estado de Campeche cuenta con una amplia red de carreteras: más de 1400 km son vías federales, 8 328 km son estatales pavimentadas y 1 700 km más son de terracería. Por vía aérea, el estado está comunicado por dos aeropuertos; uno en la ciudad de Campeche, el Aeropuerto Ing. Alberto Acuña Ongay, y el otro en Ciudad del Carmen, denominado Aeropuerto Internacional de Ciudad del Carmen. Por vía marítima, el estado cuenta con tres puertos ubicados en Campeche, Ciudad del Carmen y Lerma.

EL LITORAL CAMPECHANO

La Bahía de Campeche, situada en el poniente del golfo del mismo nombre, que a su vez forma parte del Golfo de México, es una gran ensenada que abarca una parte del litoral del estado y en cuya costa se asienta la capital, San Francisco de Campeche.

Desde tiempos remotos la bahía ha servido de abrigo a embarcaciones de todo tipo y fue refugio importante de corsarios y piratas. Durante la época de la Colonia española la ciudad de San Francisco de Campeche debió construir baluartes, murallas y fortificaciones para protegerse (que hoy son un gran atractivo turístico), precisamente porque las aguas tranquilas de la bahía atraían a numerosos visitantes muchas veces indeseados. La de Campeche es la segunda bahía más grande de México y su nombre se atribuye a los exploradores españoles Francisco Hernández de Córdoba y Antonio de Alaminos, quienes en 1517 recorrieron la región y escucharon a los mayas que la habitaban llamar al sitio Can Pech, que significa “lugar de serpientes y garrapatas”.

El Golfo de Campeche (también llamado a veces indebidamente sonda de Campeche) es un amplio golfo interior que forma parte del Golfo de México y está situado dentro del mar territorial mexicano. Su litoral se extiende desde Yucatán hasta Tabasco, es decir, de Celestún, frontera con Yucatán, a la Barra de San Pedro y San Pablo, frontera con Tabasco. Con una longitud de 600 km, este litoral parte de los límites con Yucatán en dirección norte-sur hasta llegar a la ciudad de Campeche, de ahí se inclina hacia el suroeste hasta topar con Champotón, para luego volver a tomar dirección suroeste hasta parar en la Barra de San Pedro y San Pablo, formando una curvatura que define a la Bahía de Campeche en toda su extensión.

A su paso atraviesa varios puntos poblacionales, colinas, salinas, etc., y cuenta con diversos arrecifes. Se inicia en la Península del Uvero, pasa por las salinas del Real y la Herradura, más al sur se encuentra con las islas de Piedras, Arena y Jaina; esta parte es pantanosa, con manglares y difícil de navegar. De ahí llega a la ciudad de Campeche y a Lerma, donde inicia un tramo lleno de lomeríos pertenecientes a la Sierra de Campeche, atraviesa Punta Maxtún Grande, luego llega a Seybaplaya, Sihoplaya, Villa Madero y Champotón. A partir de ahí el litoral es bajo y arenoso; cuenta con innumerables campamentos para la anidación de la tortuga; en dirección a Tabasco llega a Sabancuy, en cuyo estero, que está comunicado con el Golfo de México de manera artificial, y con la Laguna de Términos en forma natural, confluyen varios arroyos. Siguiendo el rumbo llega hasta Isla Aguada y la entrada a la Laguna de Términos; sigue la Isla del Carmen y luego la otra salida de la laguna, en la punta de Xicalango, en la Península de Atasta, donde, cerca de la frontera con Tabasco, existen algunas localidades. Entre los arrecifes más importantes destacan Cayo Arenas, Cayo Arcas, Palmar Chico, Triángulos y del Obispo, los cuales en su mayoría están formados por coral y arena.

Las costas bajas y arenosas del Golfo de Campeche no cuentan con grandes puertos naturales ni permiten la construcción de puertos marítimos de gran calado. Sin embargo, sus lagunas costeras, entre las que sobresalen La Machona y Mecocán, en Tabasco, y la de Términos, en Campeche, son las que permiten el gran potencial camaronero de este golfo, lo mismo que la abundante pesca escamera que se desarrolla en la región y por la cual son explotadas especies locales como el huachinango, la rubia, el mero, el boquinete, el esmedregal, el cangrejo moro, el pulpo y el cazón, entre otras. Gracias a estas condiciones favorables, la piscicultura es una actividad con gran desarrollo en la región.

En la extensión marina del golfo se alojan yacimientos petrolíferos, los más importantes los del complejo Cantarell, que son explotados mediante un gran número de plataformas marítimas por Petróleos Mexicanos, y contribuyen a la producción y exportación de petróleo y sus derivados.