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La Nueva Triada del Bullying

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Para mis hijos

Bianca, Paola y José Carlos

PRÓLOGO

Pasan los tiempos y nuestra sociedad continúa mostrando un notable desinterés por encontrar alertas tempranas que permitan prevenir adecuadamente el aprendizaje de la violencia y una muy preocupante ausencia de ideas para que ésta pueda ser desaprendida. Una violencia siempre entre humanos, donde aquellos que van perdiendo el horizonte en sus vidas llenan su vacío adueñándose de la vitalidad de quienes intentan con esfuerzo ser felices.

Acostumbramos a detener la mirada en los estudiantes, pero debemos reconocer, con vergüenza, que ellos son sólo los aprendices confiados de un mundo adulto que privilegia la agresión al diálogo sincero. Depredadores egoístas con la casa en común, derrochando, contaminando o destruyendo los bienes cada vez más escasos de todos. Dañinos con el otro, al que se ve como una amenaza que debe ser evitada o eliminada. Un paradigma de violencia que abarca las conductas familiares, escolares, laborales y que deja poco espacio para el encuentro fraterno y democrático.

Una sociedad que valora el grito no sólo no permite escuchar la queja del necesitado, sino que imposibilita el desarrollo de ciudadanos que favorezcan la convivencia armónica, ya que la conducta pacífica se verá como señal de debilidad o inseguridad.

Ya sea por torpeza, comodidad o ausencia de ideas, permitimos que la violencia continúe contagiando y enfermando. Se aplican medidas, algunas espectaculares, ruidosas, pero de dudosa efectividad. Así, la violencia no sólo se naturaliza, sino que se reproduce con pocos obstáculos o aprende a sortearlos, mutando a formas aún más complejas, ya que hoy la violencia además de justificada y naturalizada, también es virtual, intangible.

Existen, no obstante, quienes perseveran en el combate a la violencia y permiten a través de sus reflexiones que ésta sea más visible para poder enfrentarla de manera adecuada. Esta es la virtud de Julio César Carozzo, quien no se conforma en lo que ya hemos escudriñado durante más de cuatro décadas sobre el fenómeno del acoso entre escolares, sino que lo actualiza y profundiza en su nueva obra “La nueva tríada del bullying”.

Hemos aprendido mucho sobre víctimas y victimarios de la violencia en general y el bullying en particular, pero los espectadores también sufren las consecuencias de haber vivido en un entorno regido por el abuso y el maltrato. Luego, en la vida adulta, pueden mostrar insensibilidad ante el sufrimiento ajeno o generar la creencia de que la violencia es inevitable, con las futuras consecuencias emocionales que ello implicará en sus relaciones interpersonales.

Hoy, si bien debemos continuar trabajando de manera temprana con todos los involucrados en la “triada del bullying”, los espectadores nos desafían a involucrarlos de manera más concreta y potente. Sabemos que por lo general suelen reforzar la conducta del acosador a través de la risa o alentando, y en el caso de los testigos pasivos que presencian lo que sucede en silencio, esto puede ser interpretado por el acosador como una señal de aprobación.

¿Qué podemos hacer entonces desde la formación familiar y escolar, para que hijos/estudiantes actúen de manera comprometida para mediar si hay conflicto o protegiendo a las víctimas de la violencia, cualquiera sea ésta?

La ausencia de habilidades como la empatía y la asertividad con la que crecen muchos de nuestros niños y niñas, permite que la violencia se desarrolle como una enfermedad atacando el tejido social de cualquier ámbito de encuentro, sin obstáculo. Esto sucede porque la dimensión afectiva y el desarrollo de habilidades socio-emocionales, no tienen lugar en el currículum familiar y escolar. Sumado a este déficit educativo, también se puede observar la ausencia de formación específica en los formadores. El resultado es previsible: ante la incompetencia o desconcierto de los educadores, los alumnos aprenden a vincularse solos, por ensayo y error, como observan en sus familias, la escuela, el entorno próximo y los medios de comunicación.

Si queremos garantizar buenos resultados en la tarea que emprendamos contra el bullying, necesitamos de adultos que posean compromiso y un nivel razonable de concienciación sobre la naturaleza compleja de este desafío institucional, por lo que deben poseer conocimientos suficientes y habilidades para aplicar las medidas de intervención y los procedimientos que se ha demostrado son efectivos. Alcanzar esto obliga a reforzar de forma sistemática el nivel de competencia del personal educativo y disponer de un modelo integral de aplicación.

Los docentes necesitan de una renovada formación en competencias para gestionar la nueva convivencia de quienes hoy están en las aulas. Pero tanto la buena convivencia como la violencia son multicausales, y por este motivo insistimos en que la escuela no puede hacerse cargo sola de la doble tarea preventivo-formativa. Sin embargo, sí debería ser la iniciadora de un cambio cultural en donde se aprenda a “estar bien con los demás”. Respetar, compartir, comprender y ponerse a disposición del otro, son aprendizajes prioritarios que se convierten en una urgencia para generar climas de bienestar.

Bienvenido sea este ensayo de Julio César Carozzo, para que su aporte, sumado a otros, nos permita seguir confiando en nuevas generaciones capaces de desempeñar con responsabilidad, la tan declamada ciudadanía democrática.

Alejandro Castro Santander

Director general del Observatorio de la Convivencia

Universidad Católica de Cuyo, Argentina.

ÍNDICE

PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN

LA VIOLENCIA SOCIAL

LA MIRADA DEL BULLYING

¿EXISTE BULLYING LEVE, MODERADO O SEVERO?

EL BULLYING NO ES UN PROBLEMA DE DISCIPLINA

EL BULLYING ES UNA RELACIÓN DE VIOLENCIA

EL BULLYING ES UN PROBLEMA SOCIAL

SON INDIFERENTES ¿SOLO LOS ESTUDIANTES?

LOS ESPECTADORES Y EL BULLYING

MÁS SOBRE LOS ESPECTADORES

EL CÓDIGO DEL SILENCIO Y LOS ESPECTADORES

LA INDIFERENCIA Y LOS ESPECTADORES

UNA NUEVA TRIADA DEL BULLYING

EL PROYECTO KIVA

LA CONVIVENCIA DEMOCRÁTICA PARTICIPATIVA

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

La Nueva Triada del Bullying

INTRODUCCIÓN

Entre las características más destacadas del bullying tenemos la que se conoce como la triada del bullying, compuesta por el agresor, la víctima y los espectadores; así como también sobresale el conocido código del silencio, en razón del cual ninguno de quienes integran la triada decide denunciar las acciones de violencia que se producen ni al agresor que lo protagoniza.

El interés de los estudiosos de esta modalidad de violencia estuvo centrado en los agresores, en primer lugar, y en las víctimas después, relegándose el desempeño que tenían los espectadores, no obstante la gran cantidad de testimonios y reportes sobre el rol nefasto que tienen los espectadores en el bullying. De alguna forma la comunidad educativa subestimó el rol de los espectadores en la formulación de estrategias de prevención e intervención empleadas en las escuelas.

Sería el programa KiVa de Finlandia quien reivindicaría el protagonismo de los espectadores en el fenómeno del bullying y los catapultó como eje de sus estrategias anti-bullying en las instituciones educativas.

Resulta difícil imaginar que quienes son meros espectadores en los incidentes de violencia en la escuela puedan alcanzar alguna responsabilidad en la existencia del bullying y, más difícil aún, creer que su intervención como espectador tiene especial significado para la perpetuación del bullying en la escuela como también para destacar que ellos –los espectadores- pueden convertirse en un valioso aliado en el diseño de las políticas preventivas contra el bullying en la escuela.

Un aspecto que se ha mantenido fuera de la problemática de esta modalidad de violencia conocida como bullying, es la indiferencia que muestran los adultos que son parte de la comunidad educativa y quienes se encuentran en el entorno de ella, porque conociendo las dañosas consecuencias de los incidentes de violencia, además de tener facultades para tomar decisiones que contrarresten los riesgos de estas prácticas violatorias de los derechos humanos de los estudiantes, se muestran pasivos e indolentes frente a estos actos de violencia, lo que los convierte en cómplices por omisión del bullying en la escuela.

Los individuos a los que aludimos son numerosos: los estudiantes de la institución educativa, el personal directivo, la plana de docentes, el personal auxiliar y administrativo de la institución educativa y los padres de familia de los educandos. Este extenso universo de espectadores externos del bullying suman a su indiferencia y pasividad, una cuota de cinismo cuando deploran en todos los tonos las acciones de violencia que lastima a niños y adolescentes, al tiempo que los abandonan a su suerte en las instalaciones educativas.

Desde nuestra mirada creemos que hace falta una nueva lectura del problema conocido como bullying y de las características del contexto social que condicionan las conductas de riesgo y los estilos de relación interpersonal que gobiernan la vida social, familiar y escolar. Trataremos de aproximarnos a estos temas y darles el valor que tienen en la violencia de la escuela.

LA VIOLENCIA SOCIAL

La violencia está considerada como el mayor problema de salud pública en el mundo, pese a que se evita considerar dentro de ella los extensos conflictos sociales que mellan sostenidamente el bienestar y la salud psicológica de los segmentos sociales más vulnerables. Al respecto, más le interesan los costes económicos que representan para el Estado y la sociedad antes que las consecuencias en la salud social y mental de la población. Las peores consecuencias de muchas de las modalidades de violencia social tienen en el Estado el mayor agresor, por acción y por omisión.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la violencia como: El uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones. La definición comprende tanto la violencia interpersonal como el comportamiento suicida y los conflictos armados. Cubre también una amplia gama de actos que van más allá del acto físico para incluir las amenazas e intimidaciones. Además de la muerte y las lesiones, la definición abarca también las numerosísimas consecuencias del comportamiento violento, a menudo menos notorias, como los daños psíquicos, privaciones y deficiencias del desarrollo que comprometan el bienestar de los individuos, las familias y las comunidades (OPS, 2002)

Pese a la definición que acabamos de glosar, la OMS afirma que falta una definición clara de la violencia, que se trata de un fenómeno tan difuso que impide tener de ella una visión con exactitud científica, ya que es una cuestión de apreciación. La noción de lo que son comportamientos aceptables e inaceptables, o de lo que constituye un daño, está influida por la cultura y sometida a una continua revisión a medida que los valores y las normas sociales evolucionan (OPS 2002).

No podíamos esperar nada mejor de la OMS cuando declara la imposibilidad de acceder a una definición científica de la violencia por su carácter difuso y porque lo aceptable o no de dichas conductas es culpa de los valores y normas sociales que no dejan de evolucionar. La violencia social y la interpersonal, que sepamos, siempre ha estado fundado en el uso arbitrario del poder y los cambios de los valores a los que se refiere solo han servido para justificar el ejercicio arbitrario de ese poder.

Según la OMS, tratando de convencerse de lo que sostienen, afirman que las visiones personales y la cultura se yerguen por encima de la organización socioeconómica, que como lo dijimos antes, es quien en realidad cataloga lo que es y no es violencia. Como para corroborar lo que acabamos de afirmar, encontramos que según Benjamín (s/f) la tarea de una crítica de la violencia puede definirse como la exposición de su relación con el derecho y con la justicia. Porque una causa eficiente se convierte en violencia, en el sentido exacto de la palabra, solo cuando incide sobre relaciones morales. La esfera de tales relaciones es definida por los conceptos de derecho y justicia. Esta apreciación parece decirnos que solo el derecho y la justicia nos dicen cuando es válido el empleo de la violencia y cuando no, lo que no necesita mayor esfuerzo para comprender que de acuerdo a los cánones señalados por Benjamín, siendo el Estado el titular del derecho y la justicia, la legitimación de la violencia ejercida por ella será tolerada y toda respuesta a sus excesos, será condenada.

Ahora ya podemos entender por qué en la escuela y la familia las relaciones de violencia tienen el carácter de normales y naturales.