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Wark:
Danza Macabra

 

 

 

Juan Manuel Donaire

 

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© Juan Manuel Donaire

© Wark: Danza Macabra

 

ISBN digital: 978-84-686-3967-3

 

Impreso en España

Editado por Bubok Publishing S.L.

 

Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio (electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.

 

 

 

 

 

Dedicatoria: dedicado a mi madre quien tan pacientemente me ha aguantado mis delirios.

 

Agradecimientos: A Hildalurdes Aguilar quien me corrigió gran parte del libro y a mi familia que me leyeron el libro y me dieron ánimos.

 

Nota del escritor

 

 

 

Hola querido lector, agradezco desde ahora que usted haya decidido darle una oportunidad a mi libro, terror, aventura y heroísmo acompañaran su viaje, pero antes debo explicar algo, este libro está compuesto por dos relatos uno previamente publicado y uno totalmente nuevo.

El primero Wark Destino fue un relato que tenía algunos problemas, por error publique un relato que no había sido pulido ni editado, el terminó camión hummer es una de las grandes desgracias que puedo recordar, así como algunas carencias en historia y argumento de los cuales esta redición soluciona, es importante volver a publicar el relato porque es el primero cronológicamente en las historias de Wark también porque tiene contenido social actual que se debe comentar, aunque las historias de Wark están ambientadas en estados unidos así como algunos de sus problemas, por su mayor parte Wark está inspirada en Honduras y muchos de los problemas que transcurren ahí.

El segundo relato Wark pugna es una historia sin publicación previa que dejo en este libro para darle la oportunidad de competir con el libro previo, si ustedes ya leyeron el anterior y desean una experiencia nueva lean el segundo relato que es una continuación directa.

Por favor si ustedes van a recomendar mi libro léanse la primera y la segunda parte completas a mi criterio la segunda parte es mejor, aunque más corta.

De nuevo muchas gracias por mostrar interés en mi libro espero sea de su agrado y gusto.

 

 

 

 

 

 

Wark Destino

 

Capítulo 1. Una Mano Sincera.

 

 

 

No importa lo que haga, los monstruos existían antes de que yo naciera y existirán después de mi muerte.

Trato de pensar en alguna época en la que yo fui inocente, puro, pero es inútil el recuerdo más fuerte que tengo de mi infancia es de un policía tocando la puerta de mi casa y mi padre abriéndole la puerta.

No obstante, no puedo recordar detalles como el rostro del policía y a pesar de que estoy seguro de que lo volví a ver puesto a que mi infancia la pase en un pueblo pequeño, tenía solo cuatro años en ese momento, solo recuerdo la sensación de oscuridad que me envolvió cuando vi el rostro de mi padre murmurar “muerta”, mi padre siempre fue de carácter fuerte, pero en ese momento lloro como si fuera un bebé, mientras yo a mi corta edad permanecí paralizado, sin saber cómo digerir la situación.

La muerte de mi madre, la cual murió de un modo horrible, fue asesinada por el peor verdugo, que un ser humano podría tener, un ser que solo puede ser descrito como un monstruo, una aberración del mundo natural, un hipercriminal, algo que escapa del entendimiento de muchos adultos más aun para un niño inocente… todo esto era demasiado para mí y sigue siendo una de mis cicatrices más profundas, sin mencionar la más antigua. Traté de apoyarme emocionalmente en mi padre, pero fue inútil él estaba más devastado que yo, dejo de tratarse con sus amigos para sumirse en su tristeza.

Cuando mi madre murió, se llevó toda la felicidad y la alegría de mi niñez, intenté escapar de este vacío de todas las formas posibles, cuando estudiaba solo me concentraba en las letras frente a mí, cuando hacía ejercicio sudaba hasta que el cansancio quemaba mis sesos. Nunca recibí ni el menor elogio de mi padre su tristeza lo volvió egoísta pero el mundo me premio, me ofrecieron becas e invitaciones a equipos de las grandes ligas, una vida que los civiles envidiarían. No era lo que yo buscaba, yo quería otra cosa más grande que solo puede apreciar alguien que pasa por una desgracia la dulce justicia, estudié para abogado, pero lo rechace cuando encontré la corrupción, luego periodismo donde había más corrupción, no importaba a dónde fuera el mundo que trato de consolarme era corrupto hasta la médula.

Al fin y al cabo, casi sin darme cuenta termine en una de las metrópolis relativamente más prosperas de Estados Unidos conocida como Mako donde era un simple policía, uno de los pocos idealistas en todo el departamento, había tocado fondo en mi eterna búsqueda de la dulce justicia.

A pesar de todo lo que me ha tocado vivir, los que me conocían nunca me llamarían taciturno, era conocido por mi radiante sonrisa, era un optimista inquebrantable y para la mayoría eso era motivo de burla y envidia.

Ahora por favor permítanme presentarme mi nombre es Bob Warkinsong y esta es la historia de mi tragedia:

 

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— Bob, debes relajarte— Dijo mi pareja quien era un gordo poco risueño de apellido McEvoy— Eres demasiado perfecto, para ser policía…

— sabes tú eres el primero que me dice que soy perfecto todos los demás me acusan de ser una burla para el uniforme— Conteste yo.

— Y lo eres algunas veces parece que no razonaras como lo hacen los policías normales, para empezar, tienes que aceptar soborno así es como creas alianzas, todo mundo teme que tú seas un soplón, no tienes a nadie de tu lado.

Eso era cierto y mi única respuesta fue una sonrisa como siempre— Pero, aun así, a vos te gusta estar conmigo

— Para empezar, soy tu pareja tengo que cuidarte, segundo me provocas lastima.

Eso me dio risa— ¿Porque sentirías lastima hacia mí? Soy una persona que tiene tú mismo sueldo, tengo pleno uso de mis facultades y hasta soy más fuerte que usted McEvoy.

—Pues no pareciera que estas en pleno uso de todas tus facultades, como la inteligencia, tú te tomas demasiado en serio el trabajo, has ido más allá de lo que cualquier policía razonable ha ido, me has arrastrado a peleas que mucha gente cuerda se daría vuelta, tu sabes que a los monstruos que llamamos hipercriminales son temidos por algo.

Continuaba empecinado en mi sonrisa, a pesar que sabía que él tenía la razón, no me di cuenta, en mi egoísmo estaba arrastrando a mi pareja a la tumba, solía ser demasiado valiente y estúpido— Despabílate, estamos acercándonos al parque y al puesto de salchichas que tanto te gusta ¿Qué te parece si vamos y nos comemos unas salchichas?

— Eso ni se pregunta— Contesto McEnvoy con una sonrisa de oreja a oreja.

 

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Mako era una metrópolis, uno de los bastiones de Estados Unidos, en estos momentos todo el mundo estaba mal por culpa de los hipercriminales. Estaba descuidada en todos los aspectos, tan sucia que había un pequeño tapis de basura en las aceras toda apestaba a podrido, sin importar que tan grande y alto que estuviera el edificio, este tenía vidrios rotos y grafitis, casi todos los edificios parecían hechos a medias o en ruinas.

El parque en el que nos encontrábamos era un claro ejemplo del estado de la ciudad, las bancas de piedra estaban rotas los árboles sin hojas y de tronco negro, el césped estaba seco y había jeringas por todas partes. Como toda la ciudad no estaba así porque los ciudadanos querían, sino porque los hipercriminales no permitían nada mejor.

— ¡Por lo menos las salchichas son deliciosas! — Dijo McEvoy— No importa que tan mal este tu día siempre podrás disfrutar de una deliciosa Salchicha.

Yo conteste bromeando— solo no te pongas a cantar por favor.

Sin importar que tan mal estuvieran las cosas, los seres humanos siempre éramos capases de encontrar felicidad en medio de la calamidad: escuchar a los niños jugando futbol en la lejanía, mirar a un viejito cantando jazz en una banca mientras juega ajedrez con una viejita, escuchar a alguien tocando el violín, todo esto ocurría a diario en el parque o cualquier otro parque del planeta tierra a pesar de todo, era este espíritu indomable del ser humano lo que me hacía sonreír y me daba fuerzas para encontrar mi ideal.

Sin embargo, en el momento de mayor felicidad suele aparecer algo que te estrella en la realidad— ¡Suéltame! — grito una mujer en la lejanía…

Ustedes se preguntarán porque no he descrito mejor a los hipercriminales, la razón es porque un hipercriminal es una experiencia, una experiencia siempre cambiante y variante, cada uno de ellos era un fenómeno aparte, producto de la ciencia más allá del entendimiento o la magia. No hay forma de describirlos a todos de la misma forma. Ahora frente a nosotros se encontraba un grotesco y deforme hombre de piedra viviente, de más de tres metros de altura manoseando a una mujer inocente.

— ¿Por qué debería soltarte? — Dijo el engendro de dura piedra gris, como una lápida, mientras le salía un líquido viscoso de la boca— Todo lo que las mujeres son, confituras para que los auténticos hombres saboreemos y se ve que tú eres deliciosa— en cuanto dijo esto, el engendro de piedra, la agarro de la muñeca, sin el menor cuidado, como quien levanta un juguete, la levanto por encima del suelo y le apretó los labios con sus quijada de piedra, luego le mordió uno de los senos con sus dientes de piedra. La mujer lloraba y gritaba en vano, no podía hacer nada, por más que pateara o gritara con desesperación.

La música del violín se detuvo, niños, viejos, todo el mundo guardo silencio y observaba la injusticia desenvolverse frente a sus ojos, impotentes ante este monstruo de fuerte apariencia.

Un policía no es un civil, no es un espectador, no es alguien que se quedara viendo mientras la vida de otra persona es hecha mierda. Así era como pensaba y pensaré el resto de mi vida.

Era tanta mi resolución que McEvoy solo necesito mirarme para saber que pasaba por mi cabeza y lo que haría, trato de detenerme con un suspiro—No te atrevas…

Yo conteste de igual manera por el temor que sentía— Es para lo que nos entrenan…

— No tienes una oportunidad nuestros aturdidores no atravesarían su piel de piedra no estamos preparados.

La mujer grito de dolor, el hipercriminal le mordió el pecho, con sus afilados dientes de piedra, tan fuerte que le dejo una marca tan profunda que sangre borbotaba. Cualquier miedo fue espantado por el grito de dolor que esta mujer libero.

Los aturdidores que menciono McEvoy anteriormente eran simples palitos mecánicos que liberaban una descarga eléctrica, que aturdían a la mayoría de hipercriminales, al resto le eran indiferentes y este parecía ser el caso, por su piel de piedra. No obstante, me armé de todo mi absurdo valor y dije firme— ¡Alto en nombre de la ley!

El hipercriminal ni se molestó a verme, estaba muy metido en saborear la dulce sangre que salía del pecho de su víctima. Lo único que hizo fue ordenarme— ¡Vete de aquí, no estorbes!

Me mantuve firme y determinado— ¡Te dije que te detuvieras bestia!

El hipercriminal esta vez me ignoro por completo, ni el más mínimo suspiro, y ese fue un grave error de su parte, agarre mi aturdidor el cual era muy pesado, lo puse en su modo más alto de voltaje, y con toda la adrenalina de mi cuerpo, arremetí a la rodilla del engendro de piedra maciza.

Fue como golpear un muro con una esponja, ni el menor daño, pero mi osadía eso si lo molesto bastante. El Hipercriminal arrojo a la muchacha a un lado, como si fuera un chicle que perdió el sabor, luego puso toda su colérica atención sobre mí y desde la atura de su cabeza me miro a los ojos afirmando— ¡Eres un estúpido!

Luego me dio una bofetada que me mando a volar un metro atrás. Apenas me recuperé del golpe, empecé a escuchar el estruendo de sus pisadas acercarse a mí con la intención de aplastarme como un insecto inmundo. Cuando voltee a ver al hipercriminal, su pie ya estaba sobre mi rostro. Pero antes de que pasara lo peor mi pareja le disparo con su revólver, la bala reboto sobre su cuerpo de piedra maciza, aproveche la distracción para rodar fuera del alcance de su pie para luego levantarme, este era el momento en que pude haber huido, una persona cuerda lo hubiera hecho, no lo hice, la mujer seguía tirada en el suelo llorando y no había nada peor que dejar a un hipercriminal encabronado en medio de civiles.

Al verme ahí parado desafiante no obstante mi falta de poder, termino enojando mucho más al engendro gigante de piedra— ¡Te voy a matar hombrecito!

Me agarro de mi brazo con furia me alzo en el aire, con la intención de matarme los más rápido posible, casi sin la menor gracia, en ese momento intenté algo desesperado e infantil, le dije luchando contra el dolor de su agarre— El estúpido dice…

El contesto furioso— ¿Qué…?

Entonces le incrusté todo el aturdidor, a través de su mandíbula, donde esperaba encontrar por un milagro, tejido blando, se la introduje casi por completo tanto que vómito, a pesar de esto la mantenía firme adentro, poco a poco humo salió de su faringe, pero yo se la dejé bien metida y aun mas, pronto cayo inconsciente al suelo, medio ahogado.

Contemple al gigante caído, la mujer seguía llorando presa del dolor, las demás personas solo contemplaban atónitos mi ridículo acto heroico, solo McEvoy rompió el silencio enojado— ¡Un día de estos terminaras muerto o peor!

 

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Para llevar al hipercriminal a la custodia, la jefatura mando un camión blindado de 18 ruedas, se necesitó de unos poderosos brazos mecánicos solo para meterlo en el vehículo, vale decir que los que conducían el vehículo especial no eran policías comunes sino especialistas en mantener sedados y explotar las debilidades de los hipercriminales.

Uno de ellos alto y fortachón, muy experimentado se paró frente a mí y me dijo condescendiente— Lo único que has hecho con el gigante de piedra fue dejarlo inconsciente, no le hemos removido el aturdidor de la garganta porque creemos que es lo único que lo mantiene inconsciente, cuando despiedre estará muy molesto y tendrá un dolor de garganta feroz, no creas que solo porque nos lo llevamos tu ganaste la partida, cada hipercriminal tiene poderes y habilidades diferentes nosotros no podemos mantenerlos a todos bajo llave, los métodos de algunos no sirven en todos y cada jaula varia en fortaleza, este en especial ya se ha escapado tres veces antes y ha matado a los carceleros y a los que lo atraparon, dudo mucho que esta vez sea diferente, tu solo has hecho una huella en la arena.

“una huella en la arena” eran palabras muy ciertas, pero no me importo, solo sonreí festejando lo que había hecho, para desgracia de McEvoy, no había aprendido mi lección, pero aun cuando la intuyera yo me negaba a aceptarla, esa es la desgracia del optimista.

 

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Por más eufórico que uno se sienta esta euforia está condenada a desaparecer y luego viene la responsabilidad de tus actos la cual puede ser larga y penosa. El camino a la jefatura fue por lo tanto largo y silencioso, uno podía palpar la preocupación de McEvoy, nuevamente le confirme sus temores, El camino al auto sacrificio es como se esperaría largo y vergonzoso, pero lo que fallaba en ver en ese momento era que arrastraba a mi pareja a una muerte segura.

Basta decir que cuando me baje de la auto patrulla, frente a la jefatura, me encontraba en el frio poso de mi frustración, en aquel entonces cuando la realidad me hacía tocar fondo siempre había algo que me alzaba nuevamente. En ese momento escuche una voz muy sensual decirme— ¿Con que este este es el famoso Bob Warkingsong?

voltee a ver y para mi asombro era una mujer, una fiscal, muy hermosa pelirroja, con un radiante rostro que me observaba como si fuera la moneda más brillante del pozo— Me entere de tu ultima presa Bob, atrapar a ese Hipercriminal de piedra debió haber sido toda una hazaña digna de verse, me hubiera gustado estar ahí.

Asombrado pregunte— ¿Quién es usted linda damita?

— Una soñadora como tú, soy Nelly Rodríguez.

Apenas podía creer lo que escuchaban mis oídos, Nelly Rodríguez era una de las pocas auténticas heroínas que tenía Mako, de las pocas que en un tribunal de la corte acosaba a los Hipercriminales hasta la sumisión, y si atraparlos era difícil era mucho más temerario enfrentarlos verbalmente en una corte donde ellos solo se liberaban de sus esposas y descargaban su furia asesina. Y ahora tan ilustre persona está frente a mi hablándome, mi respuesta más racional fue— En serio la famosa Nelly Rodríguez o ¿Es que alguien me está jugando una pasada?

— No lo hacen Bob, soy la que viste y calza. Ahora, así como tú me conoces yo te conozco, he seguido tu carrera con este arresto eres de los que más hipercriminales ha arrestado, quiero conocerte más, te gustaría tomarte una taza de café conmigo.

— Claro que si— dije emocionado.

 

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