Helga von Kügelgen (ed.)

Profecía y triunfo
La Casa del Deán Tomás de la Plaza
Facetas plurivalentes

teci

Textos y estudios coloniales
y de la Independencia

Editores

Karl Kohut (Universidad Católica de Eichstätt-Ingolstadt)
Sonia V. Rose (Université de Toulouse II)

Vol. 22

Helga von Kügelgen (ed.)

Profecía y triunfo
La Casa del Deán Tomás de la Plaza
Facetas plurivalentes

Vervuert - Frankfurt - Iberoamericana - Madrid
Bonilla Artigas Editores - México

2013

Reservados todos los derechos

© Iberoamericana, 2013
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ISBN 978-84-8489-685-2 (Iberoamericana)
ISBN 978-3-86527-733-6 (Vervuert)
ISBN 978-607-7588-67-2 (Bonilla Artigas Editores)

Diseño de la cubierta: Fernando de la Jara
Realización gráfica de la cubierta: Osvaldo Olivera / A4 Diseños

Este libro está impreso íntegramente en papel ecológico blanqueado sin cloro

Impreso en España

Contenido

Prólogo por Helga von Kügelgen

Efraín Castro Morales

Algunas consideraciones acerca del deán de Tlaxcala Tomás de la Plaza Goes (1519-1587). Fortuna y vicisitudes de su casa

Gustavo Mauleón Rodríguez

Tomás de la Plaza Goes y su alter ego Antonio de Vera: testimonios de un vínculo amistoso, eclesiástico y musical

Francisco Pérez de Salazar Verea

Algunas notas sobre la Casa del Deán

Vicente González Barberán

El escudo de don Tomás de la Plaza Goes

Helga von Kügelgen

Un programa novohispano: Sinagoga, Sibilas y Triunfos de Petrarca

José Pascual Buxó

El texto imaginado. Los Triunfos de Petrarca en los murales de la Casa del Deán

Elena Estrada de Gerlero

La recuperación de los sueños: el paisaje panorámico imaginario en los murales de un studiolo novohispano

Erwin Walter Palm

El sincretismo emblemático en los Triunfos de la Casa del Deán

Montserrat Galí Boadella

Noticia sobre la existencia de unas sibilas en la catedral de Puebla (siglo XVIII)

Bibliografía general

Índice de nombres y lugares

Sobre los autores

Láminas

Créditos de las láminas

Prólogo

En los años 70, cuando estudiábamos, entre otras cosas, los murales de la Casa del Deán de Puebla, gracias al Proyecto México de la Fundación Alemana para la Investigación Científica (investigaciones regionales interdisciplinarias mexicano-alemanas realizadas en la cuenca de Puebla-Tlaxcala), Erwin Walter Palm solía decir: “Helguita, esto es nuestro Palazzo Schifanoia”. Fue por entonces cuando Palm (1910-1988) y yo comenzamos a planear una publicación sobre los murales, con una contribución de Efraín Castro Morales sobre la personalidad de don Tomás de la Plaza, sobre su casa y sobre el descubrimiento de los murales.

En 1912 Aby Warburg dictó su conferencia “Antike Kosmologie in den Monatsdarstellungen des Palazzo Schifanoia zu Ferrara” (Cosmología de la antigüedad en la representación de los meses en el Palazzo Schifanoia de Ferrara) en el Congreso Internacional de los Historiadores del Arte en Roma1. Como lo apunta Warnke:

La transcendencia metodológica se captó inmediatamente. La conferencia de 1912 pasa por ser el momento del nacimiento de la iconología moderna. En Roma también estaba Erwin Panofsky entre los oyentes, quien luego, por encargo de Warburg, publicó en 1923 junto con Fritz Saxl el libro La Melancolía I de Durero, el primer ejemplo elaborado del nuevo principio metodológico. A la contribución de Warburg se dedica extensamente William Heckscher: The Genesis of Iconology (1967)2.

Al final de su conferencia señaló Warburg:

Espero haber demostrado, a través del método de mi intento de explicación de los frescos del Palazzo Schifanoia de Ferrara, que un análisis iconológico no se asusta ante el apocamiento de la policía fronteriza a la hora de considerar la Antigüedad, el Medievo y la Edad Moderna como una época cohesionada, ni deja de interrogarse si tanto las obras de las artes liberales como las de la artesanía tienen los mismos derechos como documentos de expresión. Este método, a la vez que se esfuerza esmeradamente en el esclarecimiento de una sola oscuridad, ilumina los grandes acontecimientos generales de desarrollo en su contexto3.

En uno de nuestros primeros encuentros, Palm me dijo: “Usted, viniendo de la Historia del Arte, se ocupará de las Sibilas y yo, habiendo partido originalmente de la Filología Clásica y Medieval, me encargo de los Triunfos”. En 1973 en el primer Simposio del Proyecto Puebla-Tlaxcala, Palm presentó el trabajo “El sincretismo emblemático en los Triunfos de la Casa del Deán” y en varias ponencias investigó algunos antecedentes europeos de los Triunfos4. Desafortunadamente, ni Hilde Domin, la viuda de Palm, ni yo hemos encontrado apuntes sobre los Triunfos.

En 1976, en el XLII Congreso de Americanistas en París, pude demostrar que la Sala de las Sibilas da la pauta para la comprensión del programa en su totalidad. En 1978, en el Segundo Simposio del Proyecto Puebla-Tlaxcala, di a conocer más hallazgos. En 1999 publiqué en alemán un artículo con una foto de un bordado en el que cabalgan doce Sibilas, titulado: “Sinagoga, oráculos sibilínicos y Triunfos de Petrarca en Nueva España”. Intermitentemente seguía investigando, y así expuse en el 2002, en el V Coloquio Internacional de Arte en Puebla —invitada por Montserrat Galí Boadella al Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de Puebla— “La Casa del Deán: relectura de su programa”. Uno de los oyentes, el doctor Alejandro González Acosta, me aconsejó que me pusiera en contacto con el cronista y genealogista de la Casa Borbón-Orleans, don Vicente González Barberán, de Granada, quien podía darme datos sobre el blasón de don Tomás de la Plaza (Kügelgen 2008, 29-65, en especial 41). Para el libro de homenaje a Erwin Walter Palm solicité a este prestigioso genealogista que describiera heráldicamente el escudo, lo cual es un arte especial. Le agradezco infinitamente su extensa carta, escrita a mano y con figuras y que publico en el presente volumen con las figuras escaneadas.

El Coloquio de la Asociación Carl Justi “Nombrar y explicar. La terminología en el estudio del arte ibérico y latinoamericano” tuvo lugar en febrero de 2005 en Puebla de los Ángeles, auspiciado por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de Puebla y la Cátedra Humboldt (El Colegio de México, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Servicio Alemán de Intercambio Académico). Al platicar con el entonces titular de la última, el romanista Karl Kohut, durante el primer desayuno en el Hotel San Sebastián, el 21 de febrero, surgió la idea —que ya tantas veces habíamos planeado Efraín Castro y yo— de publicar un libro sobre la Casa del Deán, fuera como Proyecto de la Cátedra Humboldt, o dentro de la colección teci dirigida por Karl Kohut y Sonia Rose y que publica la editorial Iberoamericana/Vervuert. Como contribuyentes había previsto a Efraín Castro Morales, al hispanista José Pascual Buxó y a Pablo Escalante Gonzalbo, a cuyos trabajos se uniría la reedición del artículo de Palm. Escalante Gonzalbo, por exceso de trabajo, no fue finalmente de la partida, lo cual lamento profundamente.

Fue el mismo Pablo Escalante quien me requirió para el Diplomado “El Arte en la Nueva España. Nuevos temas, nuevos estudios, nuevos enfoques…”. Afortunadamente, yo había encontrado una nueva solución para el quinto Triunfo. Entre los oyentes de la conferencia que dicté el 7 y 8 de julio de 2006 en el Museo Amparo de la ciudad de Puebla de los Ángeles se hallaban Elena Isabel (Tita) Estrada de Gerlero y Gustavo Mauleón Rodríguez. En la discusión Tita, admiradora de Palm, colega y amiga, desarrolló un atractivo “enfoque panorámico”, de manera que la invité a participar en el libro. Efraín Castro, por su parte, me presentó a Gustavo Mauleón, señalándome que éste, como musicólogo, tenía un acceso especial a los instrumentos musicales que tocan los animales emblemáticos de las cenefas, y que además había encontrado una serie de documentos sobre el Deán y Antonio de Vera, canónigo y maestro de capilla. Encantada, le rogué que contribuyera a la obra que estaba preparando con un trabajo. En este, Mauleón presenta una especie de “aperitivo” al tema central y encauza nuestras expectativas a su libro en ciernes sobre la iconografía musical indígeno-cristiana en los siglos XVI al XVIII en la región de Puebla-Tlaxcala.

En abril de 2007, José Pascual Buxó reunió a un grupo de investigadores en una sesión sobre”Petrarca en la América Virreinal” que organizó dentro del Congreso Internacional de la ACLA (American Comparative Literature Association) que se llevó a cabo en Puebla y de la que formamos parte Estrada de Gerlero y yo. Los trabajos que presentamos son publicados dentro del presente volumen.

Fue entonces cuando volví a visitar la Casa del Deán y me asusté al comprobar que los murales se habían deteriorado aún más. Comenté este hecho al entonces embajador de la UNESCO en París, el Sr. Homero Aridjis, quien me explicó que sería posible obtener un apoyo económico por parte de dicha institución presentando un proyecto que contara con un presupuesto del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) del D.F. o el Centro INAH de Puebla. Escribí el 3 de junio de 2007 al Sr. antropólogo Víctor Hugo Valencia, Director del Centro INAH de Puebla, quien me respondió el 6 de junio e informó posteriormente (7 de octubre de 2008) que la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural, a través de la coordinadora y restauradora Lic. Lilia Rivero Weber, tenía a su cargo el proyecto de restauración. El 29 de octubre de 2008 me puse en contacto con ella y desde entonces muy atentamente me ha tenido al tanto sobre los avances del proyecto de restauración, que consiguió efectivamente el apoyo económico de la UNESCO.

Por mi parte, me había ilusionado con la idea de que la restauración estaría acabada a finales de 2009, lo cual nos habría permitido incluir las “novedades” en los textos y en las láminas y que podría presentar la presente obra para el centenario del nacimiento de Erwin Walter Palm, el 27 de agosto de 2010. Esto no fue posible, pero Erwin nos va a perdonar, pues el libro de homenaje para su septuagésimo cumpleaños lo recibió tres años más tarde y tanto Erwin como Hilde estuvieron contentísimos con él5.

Paralelamente a mi preocupación por la restauración de la Casa, el volumen continuó creciendo. Patricia Díaz Cayeros, joven colega y amiga, me comunicó el 19 de marzo de 2009: “Tuve una larga conversación con Francisco Pérez de Salazar. Resulta que la Casa del Deán perteneció a su familia y tiene mucha información inédita sobre el inmueble, que está interesado en compartir”. Al día siguiente informé al señor arquitecto que teníamos interés en los documentos inéditos de su familia y es así que logramos contar con una colaboración suya.

El 17 de noviembre de 2009 me escribió Montserrat Galí Boadella comunicándome “una información que puede interesarte: en el siglo XVIII, en la catedral de Puebla, había alrededor de 14 cuadros, de dos varas de alto, o sea, bastante grandes, con Sibilas representadas. ¿Qué te parece? A mí se me ocurren muchas hipótesis, ¿no?”. Mi propuesta fue invitarla a que escribiese un artículo sobre este tema para el presente volumen.

En octubre de 2010 fueron inaugurados los murales restaurados. Deseo agradecer formalmente a la señora Lic. María del Perpetuo Socorro Villarreal Escárraga y al señor Lic. Jorge Juárez Paredes (ambos del INAH) su autorización para “la toma y reproducción fotográfica” de los murales. El fotógrafo previsto tuvo que irse a Chiapas y Gustavo Mauleón solicitó al fotógrafo John O’Leary que tomara las fotos, lo cual hizo amablemente. Publicamos así los desplegables de la sala de las Sibilas, de la sala de los Triunfos y algunos detalles de los murales restaurados, lo cual los lectores —no lo dudo— sabrán apreciar.

Es aquí donde quiero dar las gracias a Elena Estrada de Gerlero por haber encargado en 2006 a Pedro Ángeles, Ricardo Alvarado y Gerardo Vázquez (Archivo Fotográfico Manuel Toussaint del IIE de la UNAM) que tomaran, entre otras, las fotos para los desplegables. A solicitud de dicha investigadora, estudiaron las pinturas murales Elsa Arroyo y Tatiana Falcón, del Laboratorio de Diagnóstico de Obras de Arte de la misma institución6. Para la reproducción de las fotos nos otorgaron el permiso tanto el Dr. Arturo Pascual Soto, entonces Director del IIE de la UNAM, como el Antropólogo Víctor Hugo Valencia. Estrada de Gerlero propone una “vista panorámica” de los Triunfos; el desplegable III lo ilustra.

Las aportaciones del historiador, del hispanista, de las historiadoras de arte con distintos métodos y enfoques, del musicólogo, del arquitecto y descendiente de los antiguos propietarios de la casa, del genealogista y de Palm —cuyo artículo editamos nuevamente— conforman las “facetas plurivalentes” del estudio que presentamos sobre la Casa del Deán. La polisemia (Arrouye 1992, 30), la pluralidad de significados, “la imposibilidad de solamente una verdad” (Beyer 1992, 90) o, como expresa Kristeller (1993, 149), el “desarrollar una especie de pluralismo histórico” nutren los trabajos. Estos esclarecen la personalidad del deán don Tomás de la Plaza y representan un aporte al conocimiento de su casa, de su alter ego Antonio de Vera, canónigo y maestro de capilla, y, ante todo, de los murales, y permitiendo además alargar la mirada hacia las Sibilas de los siglos XVII/XVIII.

No me queda, pues, sino dar mis más sentidas gracias por los generosos apoyos financieros que hemos recibido. Doy las gracias a la Fundación Alemana para la investigación Ciéntifica (DFG por sus siglas en alemán), además a mi padrino Dr. Hans Thomsen, ex presidente de la Cruz Roja, por su generosa donación. Otras personas han hecho posible la presente publicación y les estoy sinceramente agradecida, imprescindible fue la ayuda de Carlos Romero García, docente de español, en la revisión de todos los textos; el bibliotecario jubilado de la Biblioteca Estatal del Patrimonio Prusiano, Johannes Ziegler, repasó la bibliografía; la escritora Chloe Aridjis corrigió los resúmenes en inglés. Sin el respaldo moral e intelectual de Klaus Kropfinger, mi esposo, y de Anke von Kügelgen, nuestra hija, no hubiera tenido el aguante suficiente —y perdóneseme la familiaridad— para llevar a término este proyecto. A ellos, gracias. Agradezco igualmente a Sonia V. Rose y a Karl Kohut la inclusión en su colección y a Anne Wigger, a Klaus D. Vervuert y a Juan Carlos García Cabrera el asesoramiento del cual he beneficiado. A usted, querido lector, querida lectora, va mi gratitud por su disposición a sumergirse en el mundo poblano de la segunda mitad del siglo XVI.

Helga von Kügelgen
Berlín, noviembre de 2011

____________________________

1 Se publicó bajo un título modificado: Italienische Kunst und internationale Astrologie im Palazzo Schifanoia zu Ferrara, en: Warburg 1932, tomo I.2, 459-481. En inglés: Warburg 1999, 563-591. Véase la más reciente publicación Warburg 2010.

2 Warnke 1980, 55. Traducción de la autora. Michels 2007, 40, 76. Dicho sea de paso, Palm y Heckscher se carteaban en latín. El sobrino de Aby Warburg, Eric M. Warburg, pretendiente de mi madre desde la clase de baile en Hamburgo, nos contó mucho de su tío.

3 Warburg 1932, 478-479. Traducción de la autora.

4 Véase la bibliografía general al final del libro en la que primero se enumera: “Cronología de los estudios sobre la Casa del Deán: Estado de la investigación”.

5 Homenaje a Erwin Walter Palm, coordinado y preparado por Helga von Kügelgen Kropfinger. En: Jahrbuch für Geschichte von Staat Wirtschaft und Gesellschaft Lateinamerikas, 20/1983.

6 “Reporte de inspección y registro de las pinturas murales de la Casa del Deán” redactado el 30 de julio de 2008. Hay que mencionar que el 3 de noviembre de 2008 pedí a la restauradora Lic. Lilia Rivero Weber, coordinadora nacional de conservación, que se pusiera en contacto con la Mtra. Elena Isabel de Gerlero y con el Dr. Efraín Castro Morales. El 19 de diciembre de 2008 informé al Dr. Arturo Pascual Soto, entonces director del IIE, de mi iniciativa para que los colegas del Laboratorio de Diagnóstico de su Instituto se pusieran en contacto con la coordinadora nacional de conservación. El 7 de octubre de 2009 escribí nuevamente a Lilia Rivero Weber, pues había recibido la contribución de Estrada de Gerlero y el “Reporte de inspección” y se me hacía imprescindible que ella, los expertos del IIE y los restauradores previstos pudiesen intercambiar impresiones por cuanto como apunté al final: “para el bien de los murales hay que concentrar esfuerzos”.

Algunas consideraciones acerca del deán de Tlaxcala Tomás de la Plaza Goes (1519-1587) Fortuna y vicisitudes de su casa*

Efraín Castro Morales

Abstract

The artistic manifestations of the Puebla-Tlaxcala region in Mexico’s central plateau include a series of features of great interest to the study of the history of ideas and culture of this country. The remains, or vestiges of the ancient house of the Dean of Tlaxcala, were reconstructed in the second half of the sixteenth century and preserved almost intact through to the twentieth. They are a greatly respected testimony to the Hispano—American history of art. Their name itself is in honor of one of its owners, the clergyman Tomás de la Plaza Goes, third Dean of the ecclesiatical chapter from Tlaxcala’s cathedral in Puebla de los Ángeles. He reconstructed the house and also planned the conception of the astonishing mural decoration, whose importance lies not only in its artistic virtues, but in the utilization of pure indegenous elements, overlapping — in a complex syncretic process — with Western Renaissance thematics. This constitutes, perhaps, the only mural decoration of this type in a civic building from the sixteenth century that has been preserved from our past in New Spain.

The author fully documents the life of Tomás de la Plaza Goes, born 1519 in Alburquerque, Extremadura. “When he was very young he travelled to Florida with an expedition and remained there for five years in the service of the Crown. Afterwards, he went to New Spain. […] It is most likely the priest Tomás de la Plaza carried out eminently good work as a parish priest and chaplain in the indigenous communities (1545 to 1563) located in the foothills of the Sierra Madre del Sur and in the central valleys of Oaxaca, predominantly inhabited by natives who spoke the languages zapoteco, chinanteco, mixteco and nahuatl. These were the first parochial churches dependent on a secular clergy. […] This sojourn of nearly twenty years in the rugged geography of Oaxaca lets one suppose that apart from acquiring a sound knowledge of the languages of the indigenous groups settled there — indispensable to his work — he must have also become broadly acquainted with their costums and habits.

[…] On May 19th of the year in question [1564], Tomás de la Plaza was in Puebla de los Ángeles presenting before the chapter of Tlaxcala’s cathedral a royal provision promoting him to the rank of dean. […] It is worth noting that de la Plaza was the third to occupy the rank of dean, established during the government of Friar Julián Garcés, first bishop of Tlaxcala. The priests Bartolomé Romero and Fabián de Vides preceded him. […] Like all members of the ecclesiastical or cathedral chapter, the dean in his position received the ‘fruits and profits’ corresponding to his rank, the highest payments received by members of the chapter. […] Not until 1574 did the dean de la Plaza commence procedures to send for some family members — who still were in Alburquerque — to New Spain. […] In the middle of the sixteenth century it was said that the house of Martín de Calahorra and afterwards of the dean de la Plaza was built on two plots of land. […] There is every reason to believe that the builder entrusted with the reedification of the Casa del Deán and author of the portal in the decade of the 1570, was the Spanish architect and stonecutter Francisco Gutiérrez, who had been residing in Puebla since 1573. […] Tomás de la Plaza Goes was discharged from his duty on May 28, 1587, the year in which he fell sick and drew up a sealed will; he died in one of the rooms of his house on the eve, perhaps, of July 8. […] In a clause in his will he stipulated in perpetuity a chaplaincy over his houses.

[Herewith follows] a brief chronological sequence providing some dates of said chaplaincy. […]

Although the House of the Dean was considered as to be one of the oldest houses in the city of Puebla, as of mid 1952 rumours circulated that it would be destroyed in order to build a ‘modern’ cinema in its place. […] When the destruction of the house began, some persons affirmed what seemed to be a legend that there were murals inside. […] On October 12, 1953 we entered the House of the Dean in order to write an article about it and verify the existence of these murals. The investigations were successful […] we uncovered parts of the frescoes - in one room the Sibyls, riding horses, in another, the triumphal chariots. […] After spreading the news of our findings via different means of communication, the destruction was temporarily halted. […] The intervention of the national institutes Antropología e Historia and Bellas Artes finally brought the company’s destruction to an end for despite the announcement on January 5, 1954 of total reconstruction, work had been undertaken to conserve but two of the rooms with the murals and the portal, destroying the rest.”

(The editor has included quotes from the author’s text.)

Tomás de la Plaza nació en 15191, en la villa de Alburquerque, en Extremadura, hijo legítimo de Diego Tomás de la Plaza, natural de la villa de Cáceres, y de Catalina de Goes, de Alburquerque2. Siendo muy joven, viajó en una expedición a La Florida, permaneciendo allí durante cinco años al servicio de la Corona3. Pasó luego a la Nueva España, quizá ya como clérigo de menores órdenes, pues en 1545 lo encontramos en la ciudad de México, firmando como testigo en el testamento que otorgó el presbítero Juanes de Durand, canónigo de la catedral de Antequera en el valle de Oaxaca4. Poco después pasó a la diócesis de Oaxaca, por entonces gobernada por el obispo Bartolomé de Zárate, donde se desempeñó del 29 de agosto de 1545 al 29 de agosto de 1546 como cura capellán de la antigua comunidad de Teuzapotlan (Teozapotlan) y Tetiquipa, siendo entonces su cabecera el pueblo de Zaachila5. Después pasó al partido de Cuatlan (Coatlan) y Chichicapa, donde permaneció del 23 de octubre de 1546 hasta el 23 junio de 15476, ocupando luego el curato de Tonalá desde el 30 de agosto de 1547 hasta el 9 de septiembre de 15497. Luego, del 16 de septiembre de 1550 al 16 de septiembre de 1551, al de Guamelula, con visitas en los pueblos de Suchitepec, Guatulco, Tonameca y Pochutla8. Pasó después al partido de Tetiquipa el 12 de septiembre de 1551, permaneciendo allí como cura capellán hasta el 14 de septiembre de 15549, y del 3 de noviembre de 1554, como cura capellán de la parroquia de Chinantla, hasta el 22 de diciembre de 155710. Luego en Guazaltepec del 2 de julio de 1558 al 3 de julio de 156011, y del 27 de enero de 1561 al 27 de enero de 1563 en Nochistlan12.

Seguramente el presbítero Tomás de la Plaza, tuvo un óptimo desempeño como cura y capellán de estas comunidades indígenas (1545 a 1563) situadas en las estribaciones de la Sierra Madre del Sur y en los valles centrales de Oaxaca, pobladas en su gran mayoría por indígenas hablantes de los idiomas zapoteco, chinanteco, mixteco y náhuatl; siendo las primeras parroquias dependientes del clero secular, algunas continuaron así, pero otras pasaron a ser conventos o casas de la orden de santo Domingo de Guzmán, dividiéndose varias de ellas para dar origen a conventos dominicos o parroquias seculares, algunas de las cuales han subsistido hasta ahora. Esta estancia de casi veinte años en la agreste geografía oaxaqueña hace suponer que seguramente, además de haber adquirido un buen conocimiento de las lenguas de los grupos indígenas allí asentados, indispensable para su trabajo, también debe haber conocido ampliamente sus usos y costumbres, permitiéndole por otro lado reunir bienes que contribuyeron a una decorosa subsistencia y le permitieran cubrir los gastos de las gestiones y trámites para obtener una dignidad eclesiástica13.

Durante su desempeño como párroco, mantuvo buenas relaciones con su paisano el religioso dominico fray Bernardo de Alburquerque, obispo electo de Antequera, valle de Oaxaca, que seguramente lo motivaron para que éste en 1561 escribiera al rey, recomendándolo para ocupar la dignidad de tesorero de la catedral de México, entonces vacante por la muerte de Rafael de Cervantes. Aludiendo a sus servicios en Florida, así como a los 16 años que había servido como sacerdote en el obispado “donde ha hecho y hace mucho fructo, con su buen ejemplo y doctrina, ansí a los españoles como a los indios”, consideraba el obispo de Alburquerque que como hijo de la Iglesia de Guaxaca (Oaxaca), por sus largos servicios el padre de la Plaza merecía ser “gratificado, remunerado y honrado”, pero no podía hacerlo porque había dignidades vacantes, pues ya las tenía proveídas el rey, no así la tesorería de la catedral de México, y “sería gran bien para la Iglesia de esta ciudad tener un hijo en la de México, que acuda a los negocios que se ofrezcan en vuestra Audiencia Real y en la Metropolitana, que son muchos y esta iglesia pobre para sustentar en México procurador y letrado”14. Contrastan estos elogios del obispo Alburquerque, acerca del comportamiento del presbítero de la Plaza, con algunas publicaciones recientes que han divulgado, desde un supuesto retrato del deán Tomás de la Plaza15, hasta una fantasiosa biografía inspirada en una leyenda de carácter popular, carente de toda veracidad16.

Deán de Tlaxcala

Al parecer no obtuvo resultados la recomendación del obispo Alburquerque, quien probablemente sostuvo al presbítero Tomás de la Plaza en algún cargo eclesiástico en la diócesis de Oaxaca hasta principios de 1564. El 19 de mayo de ese año Tomás de la Plaza se encontraba en la ciudad de Puebla de los Ángeles, presentando ante el cabildo de la catedral de Tlaxcala una real provisión que lo promovía a la dignidad de deán, acompañada de un mandamiento del obispo Fernando de Villagómez, que ordenaba a dicho cabildo que, atento a que tenía hecha la colación y canónica institución del deanazgo, se le diera posesión, acudiéndole con los frutos y rentas que le correspondían a tal dignidad. Todo lo cual fue obedecido, nombrando al chantre y maestrescuelas para que hicieran con el deán los autos necesarios, y así se le dio “quieta y pacífica de posesión” de su dignidad, estando presentes como testigos el racionero y provisor licenciado Lorenzo López de Vergara, con los presbíteros Hernán Gómez y Juan de Luxán17. Cabe anotar que de la Plaza fue el tercero en ocupar la dignidad de deán, instituida durante el gobierno de fray Julián Garcés, primer obispo de Tlaxcala, antecediéndolo en ella los presbíteros Bartolomé Romero y Fabián de Vides.

Al año siguiente solicitó licencia durante dos meses para viajar a Oaxaca, la cual le fue otorgada con advertencia de que si estuviese ausente más de dos meses, solamente ganaría su prebenda, pagando de ella la casa, que era propiedad de la Iglesia; se le concedió la licencia como lo había pedido, si bien el canónigo Canillas no estuvo de acuerdo, manifestando que, conforme al derecho, el deán no debería ganar nada en su prebenda18. Sin embargo, desde el 19 de diciembre de ese año de 1564, se registra en las actas capitulares la asistencia regular del deán de la Plaza en las reuniones del cabildo19, que era presidido durante las ausencias y las sucesivas vacantes de los obispos, como la de Pablo Gil de Talavera, que nunca llegó a su sede, entre 1542 y 1548; la de fray Martín Sarmiento de Hojacastro de 1557 a 1562; la de Hernando de Villagómez de 1571 a 1573; y la de Antonio Ruiz de Morales y Molina de 1576 a 1578.

Acompañado del doctor Antonio Calderón, maestrescuela de la catedral del Nuevo Reino de Granada, presentó al cabildo catedralicio el 2 de diciembre de 1578 un poder que les había otorgado en la villa de Valladolid el 16 de junio de ese mismo año el doctor Diego Romano, que acompañaba una real cédula y un mandamiento del virrey Martín Enríquez, que fueron leídas, procediendo a tomar posesión del obispado de Tlaxcala en su nombre20. Por otro lado, se ha escrito desde el siglo XVIII que en 1583 el obispo Diego Romano y el cabildo nombraron al deán para que asistiera al Tercer Concilio Mexicano, junto con el arcediano Hernando Pacheco, el chantre Alonso Pérez de Arteaga y el canónigo García Rodríguez Maldonado, “personas dignas de conocidas letras, prudencia y virtud”21. Lo cual no tiene sustento ya que su nombre no aparece citado entre los clérigos y dignidades que asistieron a ese concilio en la ciudad de México, pero sí presidiendo los acuerdos capitulares en la catedral de Puebla y en el desempeño de todas las obligaciones de su dignidad, durante la ausencia del obispo Romano asistente al Concilio (celebrado entre enero y octubre de 1585)22.

En nombre del cabildo sede vacante que el deán de la Plaza presidía el 10 de junio de 1572, se propuso nombrar como comisario al bachiller Francisco Carriazo, abogado de la Real Audiencia, pero si no pudiese por ser lego, al doctor Juan Zurnero, arcediano de la catedral de México; finalmente, el 21 de octubre, propuso y votó el deán al importante humanista Francisco Cervantes de Salazar, entonces canónigo de la catedral de México, cuyo nombramiento hizo el cabildo sede vacante ese mismo día23. Al año siguiente de la Plaza fue comisionado para viajar a la ciudad de México para tratar los negocios del cabildo, quien a su regreso pidió le fuesen quitados los puntos del tiempo que había durado el viaje24.

Habiendo tomado posesión el obispo Antonio Ruiz de Morales, escribió el 18 de enero de 1575, desde el pueblo de Huaquechula a los comisarios del Santo Oficio, que deseaba ver “descargado” al arcediano Hernando Pacheco del cargo de comisario de dicho Santo Oficio, proponiendo para sucederlo al deán Tomás de la Plaza, quien lo haría bien “por ser persona que hará todo con cuidado lo que se le mandare”. Después, el 11 de febrero, el arcediano y comisario Hernando Pacheco, escribió a los comisarios, licenciado Bonilla y licenciado Ávalos, que el deán aceptaba el nombramiento de comisario, ofreciendo remitir su genealogía25. Ignoramos si llegó a tomar posesión del cargo inquisitorial y el tiempo que lo desempeñó, pues hasta ahora no se han localizado más evidencias documentales al respecto26.

Como todos los integrantes del cabildo eclesiástico o catedralicio, el deán recibió desde su posesión los “frutos y rentas” correspondientes a su dignidad, percepciones que eran las más altas de las que recibían los miembros del cabildo27. Generalmente estaban integradas por la “gruesa” o frutos de la prebenda o beneficio capitular, además de las llamadas “distribuciones o repartimientos” que eran diversas asignaciones por el desempeño de diversos trabajos. Las había “ordinarias”, cuando dependían de la dignidad, constituyendo un premio a la asistencia diaria a las funciones del coro, y las “extraordinarias”, que tocaban a tareas que no tenían relación con la dignidad, premiando la asistencia a funciones a las que no estaban obligados por su prebenda, cuyos fondos se tomaban de fundaciones, donaciones, derechos, etcétera. En 1564, percibió el deán de la Plaza sólo 23 pesos y 32 tomines, pero al año siguiente ascendieron a 580 pesos, 12 tomines y 2 granos, variando anualmente, hasta alcanzar en 1582 la cantidad de 863 pesos y 4 tomines28. Algunas veces las divisiones mayores y menores se pagaban con efectos que provenían de los diezmos que tocaban a la cuarta episcopal, tales como trigo “de espiga” de Tecamachalco, de los valles de Atlixco y San Pablo y San Salvador Huejotzingo, de maíz y garbanzo de los pueblos comarcanos, así como azúcar blanca y prieta, principalmente procedente del ingenio de Orizaba, diversas cantidades de arrobas de lana y un número de que se recolectaban anualmente, que eran vendidos posteriormente a diversos particulares. Sugieren los registros documentales que durante el desempeño del deán Tomás de la Plaza, paulatinamente se fueron imponiendo diezmos para algunos productos, así como estableciendo regiones para su recolección y depósitos en algunos pueblos, administrados mediante colectores, clérigos o seglares, nombrados por el cabildo29, o bien, por remates que se realizaban periódicamente a diversos arrendatarios, que permitieron que las prebendas y divisiones se fuesen pagando paulatinamente con dinero y no con los productos recolectados como pago de los diezmos.

Censos

Una parte de sus percepciones recibidas permitieron al deán de la Plaza a partir de 1577, generar otros ingresos mediante hipotecas, préstamos conocidos como “censos”, impuestos sobre fincas urbanas y rurales, que le permitían percibir cada cuatro meses durante el año, a diferencia de otros prebendados que los aplicaron a diversas empresas agrícolas o ganaderas. Como el que hizo el 14 de marzo de 1577 a Hernando de Chávez y su mujer María de Oliveros, por mil pesos de oro como impuestos sobre sus casas en la calle de la Rascona o cerrada de San Agustín, actual Avenida 5 Poniente 300, colindantes con las casas del canónigo Antón García Endrino y las del regidor Baltasar Ochoa30, que le producían anualmente 71 pesos, 3 tomines y 5 granos de oro, que se aplicó para dotar una capellanía que fundó por el alma de Diego de Trujillo, que veremos adelante, la cual se mantuvo hasta el 11 de mayo de 1591, después de su muerte; se comprometieron a pagar el principal y los réditos a su sobrino canónigo Pedro Gómez de Espinosa, así como el principal del censo, que ascendiendo a mil trescientos pesos, entregando una escritura otorgada por Pedro de Villanueva, su mujer Mariana Ordóñez y Juan Márquez de Amarilla31 y otro también de mil pesos sobre un molino.

Por su parte Hugo Leicht anota también que la casa número 5 (505), en la esquina de la Avenida 7 Poniente 100, fue propiedad del deán Tomás de la Plaza; en su nota 1, cita el Libro 1º. de los Censos de la ciudad (pág. 76), donde el deán de la Plaza registró el 16 de diciembre de 1584 un censo impuesto sobre sus casas altas principales en la esquina de la calle que va de la Plaza Pública a la ermita de Nuestra Señora de los Remedios que lindaban por una parte con casas de Catalina Hernández Endrino, viuda de Juan de Ochoa de Lejalde, y por la otra parte con las casas de Pedro de Santa Cruz Polanco32.

Capellanía Santa Cruz

Antonio de Santa Cruz, canónigo de la catedral de Oaxaca, estando “enfermo del cuerpo y sano de la voluntad”, el 5 de mayo de 1579 otorgó su testamento, donde declaró que era natural de la ciudad de Trujillo, en Extremadura, hijo legítimo de Joan de Santa Cruz e Inés Velásquez, estante en la ciudad de los Ángeles. Nombró como albacea a su coterráneo el deán Tomás de la Plaza, ordenando que cumplido su testamento y mandas, con todo el remanente que mandó se fundase una capellanía en la iglesia mayor, donde debería ser enterrado, diciendo anualmente las misas, en el número y orden que pareciere a su albacea. Procedió el deán de la Plaza, como albacea del canónigo Santa Cruz, a vender todos los bienes que quedaron por muerte del canónigo, quedando, cubiertas las mandas, un remanente de 910 pesos de oro común, e imponiendo a censo 406 pesos sobre las casas y un batán de Bartolomé Rodríguez de Fuenlabrada33, entregándose los 504 pesos restantes a Alonso Durán, regidor, por escritura del mismo día y ante el mismo escribano34. Conforme a la voluntad del canónigo Santa Cruz, la capellanía se había de “servir perpetuamente” en la catedral, dando los ornamentos, vestuarios, pan, vino y cera que fuere menester, pagando cada año a la fábrica cuatro pesos de oro común y otros cuatro al patrón que fuese. El capellán estaría obligado a decir cada año 52 misas rezadas, una cada semana, por el alma del canónigo Santa Cruz y de las demás personas. Nombró por capellán a su sobrino el canónigo Pedro Gómez de Espinosa, quien debería decir las 52 misas, llevando l05 pesos de oro común de la renta que producían los 910, dote de la capellanía, salvo los ocho pesos destinados a la fábrica y al patrón anualmente; después de su muerte pasaría el patronato al deán y cabildo de la catedral35.

Capellanía Trujillo

El 11 de mayo de 1591, Hernando de Chávez, vecino, y su mujer María de Oliveros, vendieron al deán Tomás de la Plaza 71 pesos 3 tomines y 5 granos de oro común, réditos anuales 1.000 pesos, a censo principal, impuestos en casas que tenían colindantes con las del canónigo Antón García Endrino y del regidor Baltasar Ochoa, impuestos por escritura que había otorgado ante el escribano Juan de Villafranca el 14 de marzo de 1577. Después de haberse otorgado, el deán de la Plaza fundó una capellanía por el alma de Diego de Trujillo, difunto, que dotó con los 1.000 pesos del censo, como patrón y capellán, cobrando los réditos hasta que murió, y le sucedió en el patronazgo el canónigo Pedro Gómez de Espinosa, que como patrón y capellán cobraría los réditos y lo corrido del censo, desde que se impuso hasta el 14 de marzo de 1591, siendo deudor el canónigo Espinosa de 226 pesos y 5 tomines de oro común, más los 1.000 pesos del principal, es decir 1.226 pesos y 5 tomines. Como Pedro de Villanueva Guzmán y Marina Ordóñez, su mujer, y Juan Márquez de Amarilla le debían 1.300 pesos de oro común por escritura de obligación de mayor cuantía, cuyo plazo se cumpliría a finales de abril de 1592, el canónigo Espinosa pidió poder irrevocable para la cobranza de los 1.300 pesos, 1.000 para redimir el censo y 300 para el pago del rédito hasta el 14 de marzo de dicho año; el poder le fue otorgado36.

Familia

Como casi todas las dignidades de las catedrales novohispanas, con algunas excepciones, después de algunos años de establecidos y de disfrutar de su prebenda, aun antes de adquirir propiedades, trataban de traer a sus familiares, no sólo por la compañía que podrían darles, sino por la posibilidad de vincularse con las clases acomodadas y dirigentes de la ciudad.

Por entonces dejaron Alburquerque dos de sus parientes, el licenciado Tomás Espinosa de la Plaza, que se desempeñaría como fiscal en la Real Audiencia de Guatemala, y Juana de Escobar, mujer de Antonio Velásquez de Cuéllar37. Fue hasta 1574 cuando el deán de la Plaza inició una serie de diligencias para que pasaran a la Nueva España algunos miembros de su familia, que aún se encontraban en Alburquerque. El deán inició los tramites ese año escribiendo a su hermana Leonor de la Plaza, solicitando que enviara a su hijo estudiante “que se holgará que venga”, porque le importaba que viniese antes de su muerte, para poder ayudar en su vejez y a sus hermanas, trayéndolo consigo el canónigo Antonio de Vera, quien viajaría a la Península38. También escribió a su cuñado Francisco Izguerra, en Alburquerque, en cuya carta dice que su sobrino, de quien no recordaba su nombre, que si está “virtuoso y hábil, como tengo dicho, y tiene ya edad para ordenarse, y quiere ser sacerdote, envíenmelo”. Este sobrino vendría con el canónigo Antonio de Vera, advirtiendo que “si no es hábil y virtuoso, no lo envíe, Aunque le falta un año o dos de edad para ser sacerdote, que lo envíe, pues en ese tiempo se ocupará en su estudio y en aprender la lengua mexicana, para que luego cantando la misa sea proveído por vicario”39.

Así el licenciado Tomás de la Plaza, hermano de doña Catalina de Espinosa y doña Juana de Espinosa, doncellas, damas de la princesa de Éboli, expuso que su tío el deán de la Plaza había encargado al canónigo Antonio de Vera las llevase a la Nueva España “para allí remediarles y casarles conforme a la calidad de sus personas, atento a que las susodichas no tienen padre, ni madre, ni bienes para poder casar conforme a la calidad de sus personas”, teniendo el deán bienes para remediarlas. Así solicitó que se les diera licencia a ellas para que pudiesen pasar a la Nueva España, llevando cuatro mujeres con ellas “para que en los puertos y partes donde desembarcasen les compren los mantenimientos necesarios para el sustento de sus personas”.

Sobre su sobrino Tomás de Izguerra, al que usualmente se menciona como Tomás de la Plaza Izguerra, había declarado ante el Santo Oficio de la Inquisición en 1575 que era “mancebo, soltero, de mediana estatura, de edad hasta de 20 años, algo moreno e hijodalgo notorio”. Al parecer pasó a las Indias el mismo año de 1575, pues el 19 de abril presentó un escrito donde declaró que era hijo legítimo de Francisco Izguerra y Leonor Tomasa de la Plaza, hermana del deán, el primero, hijo de Francisco Izguerra de Pérez Guerra y Teresa Álvarez, y Leonor Tomasa a su vez era hija de Diego Tomás de la Plaza y Catalina de Goes, hermana del deán Tomás de la Plaza, todos “personas hijodalgos notorios y conocido en dicha villa”40. Posiblemente se ordenó como clérigo presbítero en México, ocupando desde el 1 de octubre de 1578 hasta el 1 de enero de 1584 la parroquia de Tlacotalpa en el río de Alvarado, perteneciente al obispado de Tlaxcala41. En 1582, le fue otorgado por Martín de Mafra Vargas, regidor y vecino de Puebla, un poder general para todos sus pleitos42.

La Casa de Calahorra

El 1 de febrero de 1566, dos años después de su llegada a Puebla, el cabildo catedralicio acordó que se diese en arrendamiento al deán Tomás de la Plaza una de las casas que quedaron por la capellanía del difunto tesorero Ruy García —que era en la que había vivido durante 25 años—, pagando 40 pesos en cada año, con la condición de que el deán hiciese y acabase el zaguán y una caballeriza, y todo lo que pareciese convenir a la casa, todo a su costa43.

A mediados del siglo XVI, se decía que la casa de Martín de Calahorra y después del deán de la Plaza estaba edificada en dos solares, en la calle que iba de la plaza mayor a la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, hoy calle 16 de Septiembre, haciendo esquina con la que iba del arroyo de San Francisco al tianguis de San Agustín, actual avenida 7 Poniente 100, lindando por el norte con la casa del conquistador Juan Ochoa de Elejalde. Más tarde se diría que estaba frente, calle en medio, al poniente del Palacio Episcopal y al norte de la iglesia del convento de la Purísima Concepción, en la calle del Obispado número 6 (hoy calle 16 de Septiembre número 505).

Originario de la ciudad de Calahorra, cerca de Logroño, en la provincia de Zaragoza, Martín, que era hijo de Martín Sánchez de Cuñada y de Isabel Vera Matute, pasó a la Nueva España hacia 1519, en la expedición de Francisco de Garay, gobernador de Jamaica, trayendo un mozo y dos yeguas. Participó “en ciertas entradas luego que llegó a ella, como fueron Cholula, Tetela, Coaquechula [Huaquechula]” y después del sitio de Tenochtitlan en otras “conquistas”, encontrándose en las de Guatemala y Cóatlan44.

Por lo menos desde 1526 se encuentra avecindado en la Ciudad de México, pues ante él fue celebrado el cabildo del 31 de mayo de 1526, donde los tenientes de gobernador Alonso de Estrada y Rodrigo de Albornoz anunciaron la llegada de Hernán Cortés al puerto de San Juan Chachicueca45. En dicho año tenía unas casas situadas en la calle de Estapalapa, junto a las de Juan de Grijalva y su mujer Beatriz Fernández. Después, en 1528, fue otorgado un poder por Diego de Ocampo, vecino de Tenustitan (Tenochtitlan), a Diego de Guinea, también vecino, ausente, y en su nombre a Calahorra, para que conjuntamente pudiese administrar los pueblos de Pachutla y Tinamel, que tenía encomendados46. Comisionado al parecer entre 1527 y 1529, a la ciudad de Tlaxcala, en calidad de juez, para aprehender e iniciar un proceso contra el señor Gonzalo Acxotecatl, acusado de haber despojado a un español de sus bienes, mencionado como “hombre de arreglada conducta y desempeño en asuntos que se le confiaban, pues procedía en ellos administrando justicia con imparcialidad”, pero después de realizar algunas averiguaciones acerca de los homicidios de su mujer Xochipapalotzin y de su pequeño hijo Cristóbal, conocido después como el mártir San Cristobalito, lo condenó a la pena ordinaria procediendo a su ejecución47. Después en 1531, se había desempeñado como escribano de residencia de la justicia y regidores del cabildo de México, encargándose el 8 de mayo, mediante un libramiento al regidor Gonzalo Ruiz, para que cobrase una carta de pago de Calahorra, por 8 pesos de los cargos hechos al cabildo48.

Calahorra fue recibido como vecino de la recién fundada Puebla de los Ángeles, y en el cabildo el 3 de marzo de 1533, indicándose que se le señalaba solar y huerta, donde fuese sin perjuicio para que se le otorgaran, pero fue hasta el 24 de abril cuando le fueron otorgados un solar, una caballería, una huerta y una suerte de tierra en Atrisco (Atlixco). El solar estaba situado en la plaza, lindando con los que tenían Diego de Ocampo y Francisco de Montalvo, siempre que no fuese en perjuicio de tercero y con la condición de que lo comenzara a edificar y tuviese su casa poblada dentro de 50 días49; en ese mismo año, le fue otorgada otra suerte de tierra en Atrisco50. A partir del primer día de enero de 1534, fue electo como regidor de la ciudad51, y como tal aparece el 20 de abril de 1534 en una relación de los vecinos que había en Puebla, que antecede una información acerca de las plantaciones que se habían hecho de viñas y árboles frutales, como regidor52.

Pero para el 4 de marzo de ese mismo año, Calahorra se encontraba entre las personas que estaban asentadas como vecinos en los libros de cabildo, que tenían asignadas tierras en esta ciudad y en Atrisco, pero no residían por sí ni por terceros, estando los repartimientos por edificar y labrar como estipulaban las ordenanzas53. Algunas de las tierras que le habían sido otorgadas en Atrisco fueron dadas a otros vecinos, como una suerte de tierra que le fue otorgada, con aprobación de la real audiencia, a Francisco Ramírez, y dos años después una huerta a Bartolomé Hernández, zurrador54, conservando todavía en 1537 la posesión de otra huerta que fue medida entre otras de las que estaban entre San Francisco a la falda del cerro de la ermita55. Estuvo fuera de la ciudad todavía en 1539, pero es posible que haya conservado su casa, pues se registra en algunas mercedes la “calle de Calahorra o de Martín de Calahorra”56.

Propietario de una estancia o heredad al sur de la ciudad, junto a un arroyo que cruzaba por un puente de madera el camino real a Tepeaca que iba a Veracruz y Tlaxcala, hacia Tutumeguan, junto a los sitios de molino que se concedieron a Gonzalo Hidalgo de Montemayor, y otro de Pedro Sánchez57, junto a unas “tierras calmas” que se extendían hacia Cuauhtinchan, que en 1543 se había propuesto fuesen repartidas entre los vecinos que carecían de tierras, dejando otra parte hacia la ciudad para ejidos y pastos comunes. Poco después fue notificado entre otros vecinos y regidores, que decían tener caballerías de tierra, que dentro de quince días presentase los títulos de ellas, para que los viese el cabildo, constando que las tenían, midiéndolas y señalándolas, para ver si no tenían otras tierras ocupadas y usurpadas, con advertencia de que transcurrido el plazo si no declaraban se repartirían entre los que les pareciere58. El arroyo que lindaba con sus tierras fue conocido durante el siglo XVI como arroyo de Calahorra o de Amalucan59.

El día 1 de enero de 1545, durante las elecciones celebradas para nombrar alcaldes ordinarios, se votó para que lo fuese el conquistador Alonso Valiente y después tuvieron igual número de votos Martín de Calahorra y Francisco de Montalvo, pidiendo al alcalde electo que nombrase a quien le pareciere; así se nombró a Calahorra606162